Somos
cultos o “chanis” según nos convenga. Es lo que nos ha hecho
como especie dominar el planeta, que lo mismo podemos decirle al jefe
de la tribu contraria, Por favor, sería usted tan amable de deponer
sus armas para poder evitar un cruento derramamiento de sangre, que,
Cómo no te rindas me follo a tus mujeres y les corto el cuello a tus
hijos, mentiendes.
Siempre
he sentido predilección por ese lenguaje de la calle con el que de
verdad nos entendemos, alejado de sillones académicos y en constante
evolución. Me maravillan también los acentos cerrados de algunos
pueblos, su economía del lenguaje. Claro que muchas veces no los
entiendo y tengo que hacer un apresurado curso de idiomas. Hace poco
he conocido a un Utrerano orgulloso (orgulloho, diría él) de cómo
se habla en su pueblo. Después de un par de meses ya apenas tengo
que preguntarle y puedo entenderlo casi en todo lo que dice. En mi
currículum no puedo poner que hablo inglés pero sí utrerano, quién
sabe cuando puede surgir una oportunidad laboral que requiera de ese
conocimiento.
Me
gusta también meter estos supuestos vulgarismos en los relatos que
escribo. Vienen muy bien para dotar de un tono jocoso a lo que se
cuenta (desde el respeto, quede claro) y para que a muchos les pique
la curiosidad y se sientan en cierta manera identificados con lo que
se cuenta. Eso de encerrar los diálogos de una historia escrita
entre guiones no va conmigo, desnaturaliza las conversaciones en aras
de una supuesta claridad para el lector. Qué flojos somos los
lectores! Prefiero meter el habla dentro de la narración como si
estuviera rellenando un pavo y ya se sabe que para que el resultado
sea excelente pavo y relleno han de ser uno a la manera Gestalt, el
todo más que la suma de las partes.
Otro
ejemplo. En el fondo es lo mismo decir de nuestra vecina del quinto,
Por ahí baja Dolores la hirsuta, que, Loli la chubaca está haciendo
la bola de indianajons por las escaleras. Porque aunque físicamente
se trata de la misma persona, para alguien que no conozca a Mari
Loli, que por otra parte hace las mejores albóndigas del mundo,
cuando las guisa impregna con el olor toda la escalera y ríete tu de
las fragancias ambipur; para alguien que no conozca a esta mujer,
decía, que le sea introducida en la mente con una u otra
presentación hará que espere encontrar bien a una educada señora
muy bien puesta con gafas de carey sobre un rostro digno de un
marinero del puerto de Marsella o bien una alocada e hiperactiva
mujer que baja a comprar mondarinas con la epilady enganchada en la
pantorrilla. Y esatas son mis dos versiones de la vecina del quinto,
porque después está el sesgo personal que viste a la hacedora de
albóndigas de una u otra forma.
Así
es, diciendo lo mismo, refiriéndonos a la misma persona, depende de
como se diga estaremos entrando en mundos diferentes. Sé que estoy
hablando sobre algo evidente, pero es que a mí me sigue fascinando
que sólo eso, sólo decir: “Loli la chubaca está haciendo la bola
de indianajons escaleras abajo” ya suponga contar todo un relato,
una novela, quizás el próximo premio Planeta.
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| Imagen sacada del blog pixeltacto.blogspot.com |
