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viernes, 22 de junio de 2007

SZERELEM-AMOR.

Amor en húngaro.

Es una palabra hermosa pero también peligrosa. Todos pensamos en el amor idealizado, el amor sin baches ni altibajos, nos gusta engañarnos, quedarnos sólo con la parte agradable. Es comprensible, no nos meteríamos en los berenjenales que nos metemos si tuviéramos la otra cara de la moneda presente.

Pero resulta que el lado oscuro (abstenerse de hacer chistes relacionados con la guerra de las galaxias) está presente. Pienso en el amor emparentado con sogas gruesas y ásperas, el amor desconfiado del feo por la guapa y de la fea por el guapo, el amor como una obra de ingeniería que destroza paisajes salvajes llenos de belleza, el amor lapa, callado y plano para toda la vida. Pienso en todas las maneras enfermizas de amar y me digo a mi mismo que jamás caeré en ellas. Veis, ya estoy ocultando de nuevo el lado oscuro.

Aunque es cierto que mueve el mundo, también lo es que a veces lo zarandea con furia. ¡Ay del que no esté aferrado a algo en esos momentos de furia!

El amor que aflora por todos lados, el amor utilizado como placebo que todo lo cura, cuarto y mitad de amor, marchando querida. Se nos llena la boca de amor. Es una palabra grande y maltratada, una de esas palabras que trascienden el lenguaje y son más que conjunto de letras con significado. Hoy en día se utiliza demasiado a la ligera el AMOR y sus derivados. Pero… ¿A quién no le gusta que le digan “te quiero”?

Para Marta.

domingo, 17 de junio de 2007

Cadencia

Arropado en un calendario mustio veía pasar mujeres arregladas con mal gusto, con arrugas desarrugadas y acidez en los labios tensos. Veía hombres grapados a los brazos y al sexo decrépito de aquellas, siameses por costumbre.
Asfaltado de sábanas de latón contemplaba el chirrido del cuerpo que no acababa de materializarse del todo. Dormía con fantasmas, despertaba con hombres derrumbados y soñaba con la posibilidad de no tener que depender del capricho de sus párpados.
Atrapado en la procesión de los números sanguinarios.

AUSTER

Todos, como terapia necesaria, como acto de autoconocimiento deberíamos construir un muro como el que aparece en “La música del azar”. Por esa novela llegué a los territorios de este autor que ahora está tan en la cresta de la ola, que ahora se ha convertido en un reconocidísimo artista, en un imprescindible de las letras contemporáneas.
Hoy muchos lo conocen y alaban su prosa. A mi que suele darme cierta grima el arte cuando se convierte en algo mayoritario, en este caso, debido a que estoy tan enganchado al autor, no he experimentado esa sensación de aversión que suele sobrevenirme cuando un escritor que me parece interesante comienza a salir en telediarios y es tomado por los medios de comunicación como un icono, como una guinda del pastel, como un niño bonito de las letras.
Auster me hizo rendirme desde el principio a sus novelas, una rendición sin condiciones, de las que te dejan desnudo y ardiendo de envidia por no tener la capacidad de expresar con esa claridad y sencillez las ideas que pululan por tu mente.
Y es que el mundo de este autor es claro, definido. Hace que su obsesión por lo casual, por como somos zarandeados por eso que llaman suerte, resulte obvia, cercana e indiscutible. Hace creíble sus universos que son como columnas salomónicas, enrevesados pero muy bellos.
Desde que abrí Leviatán, la primera obra suya que llegó a mis manos, quedó claro que iba a ser una relación duradera, le entregué ese beneficio de la duda que tan caro me resulta airear, venció mis barreras de crítico ignorante y me hizo disfrutar. Supongo que ahora comenzará su cuesta abajo, ahora que tiene tantas bocas ávidas que alimentar, tantas expectativas que cumplir, pero, usando el socorrido refrán, a mi me da igual lo que esté por venir, a mi que me quiten lo “bailao”.

El protagonista de La Música del azar se ve obligado a construir un muro para saldar una deuda. La metáfora se me quedó tan clavada en el subconsciente que desde entonces no dejo de buscar un terreno adecuado para empezar a construir mi propia pared, para empezar a saldar mi deuda.

Hoy apenas me quedan cinco páginas para terminar el último de sus libros que me queda por leer y no dejo de lamentar que lo haya adelantado, no dejo de reprocharle que no sea capaz de escribir al mismo ritmo que yo leo.

jueves, 14 de junio de 2007

Informe

Porque empezar es siempre lo más difícil y esto podría convertirse en cualquier cosa. Aterrorizado por la posibilidad de tener que enfrentarme a un Golem despiadado me deslizo, poco a poco, entre mis tópicos privados y voy alzando la voz hasta ese umbral a partir del que parece empezar a querer decir algo.
Decir, escribir, explorar...

Arcilla informe y unas manos que tiemblan.