Etiquetas

Acercamientos Adivinanzas adolescencia Afuera Alejamientos Amigos Amorios Ansiedad Antropología personal Ausencia Autores Bares Barrio Barroco Bradbury Buzón Cabra calendario Calles Calma Camas cambio Canis Cansancio Casa Cerveza Ciclotimia Ciudadano Comistrajos Conjuntos Córdoba Cuento Curro Depresion Despedida Diccionario del diablo Diverso Ducha Dudar e-book Ego Entusiasmo Escritura automática Esperas Espiral Literaria Esponjoso Esvivir Excusas Experimentos con gaseosa Familia Fascinación Ficción en primera persona Fiebre Filosofía mañanera Filosofía mañanera por la noche Filosofía mañanera por la tarde Folk Folletín Fútbol Galgos Gato Gazpacho Gorrión Granada Gustos y costumbres Hablar Hombre Bala Hombres (tipos) Hormigas Idolatría Improvisación Inercia Infancia Insectos Insomnio Internet invisible Juventud divino... Lecturas Leer Lenguaje Lento Libertad Librerías Lisboa Luna Luz Macetas Mamá Mañana Mariachi Medicos Micro Miedo Miedos Mientras Moral Morbillo Mudanza Muerte Mujeres Mujeres (tipos) Música Nada Navidad Neurosis Niñohombre Niños Noche Novela Novela Negra Opino Optimismo Orden Ozú como estamos (autoterapia) País Palabras Papá Paraísos Pasión Películas Pereza Pino Plantado Playa Poesía Política Portugal Publicidad Qué jartito estoy queja Quemar Realidad Refranes Religión Reseñas ruido Sacar Semana Santa Señales Sevilla Shorradas variadas Soledad Sosialrelachionchips Soy Turista Sueño Sustituir SyE Tacones Tanatorio Tarde Tatuaje Tiempo Tópicos en gral. Tópicos Veraniegos Torre de Arena Tostadora Vacaciones Venganza viajes Vicios y malas costumbres Vino Virtudes Volver Yamadao

domingo, 12 de agosto de 2007

Entre la espada y la pared

Aunque debería leer a Kafka prefiero a Hrabal. Siempre me han resultado atractivas las minorías. Se que el primero vivió atormentado pero me resulta imposible apiadarme de un personaje que se ha convertido en icono, en herramienta, en decorado. Prefiero a los olvidados que quizás hablen de lo mismo o que incluso tengan razonamientos menos provechosos y originales. Los prefiero porque las alimañas aun no han abierto su pecho para expoliarlo, porque casualmente se caen regando las flores y mueren destripados en medio de la calle o duermen abrazados a una maraña de gatos que apestan a humedad. Los prefiero porque nadie se ha adueñado de su palabra ni de su persona para convertirlos en personajes.

En que lugar me encuentro si mis preferencias las siento como formas de llevar la contraria a la marea. No estoy para nada seguro de que la elección por reacción a lo establecido sea la mejor manera de pulir mis gustos y mi criterio.

Así es imposible encontrarse, impensable siquiera comenzar la búsqueda.

Hasta que un día no puedes abrir la puerta, no puedes hablar ni mirar, hasta respirar se hace complicado. Hasta que un día te percatas de que las burbujas de aire se han acabado y tienes que empezar a respirar el mismo oxigeno enrarecido que el resto. Entonces, una vez más, te toca elegir. Puedes simplemente dejar de respirar, dejarte morir justo debajo del poste que marca los dos caminos de la encrucijada o puedes empezar a crear tu propio sustento o arrancarle los pulmones al primero que pase a tu lado y educarlos de forma estricta para que se conviertan en expertos gourmets.
No tiene por que haber ningún problema si no se te sube a la cabeza, si sigues siendo capaz de distinguir el aire de calidad del infecto que oculta invasiones disimuladas.

Cuestión de agazaparse y saber cuando dar a luz burbujas que nadie parece dispuesto a aprovechar.