viernes 29 de febrero de 2008

Trucos para recordar las cosas importantes.

De un mes a este parte he estrenado afición. Ahora colecciono máquinas de escribir. Mucho mejor que el sobre lleno de preocupaciones, el cubo lleno de lágrimas corrompidas con ranas verrugosas sentadas sobre nenúfares, mejor que acumular días, que ver el otoño de mi pared deshojándose de notas llenas de proyectos aplazados indefinidamente.
Ahora colecciona máquinas de escribir y así olvido que me cuesta trabajo escribir porque la vida me exige muchas horas, olvido que para ser un hombre normal, un ciudadano de provecho tienes que vender tu tiempo, tienes que estirarlo, tienes que convertirte poco menos que en un perfecto administrador.
Porque vuelvo de trabajar y me duelen las plantas de los pies. Mis máquinas me recuerdan que no soy el cubilete lleno de bolígrafos azules que regalar a los que vienen a la oficina. Me hablan con la violencia de sus engranajes olvidados de la

emoción, de la ilusión por crear. Tecleo para no olvidarme de quien soy. La última adquisición está rota, no escribe, tengo que coger la cinta entintada y elevarla para que el cabezal golpee rabioso encima y aparezca una uve mayúscula, inmensa, perfecta.
Así no olvido quien soy. Si las miro vuelvo a tener ganas de leer poemas o de dejarme crecer bigotillo como Cernuda. Las miro y recuerdo lo hermoso que es sentir como poco a poco te envuelve la ficción, las miro y quiero hacerlas hablar, quiero oírlas, que me duelan los dedos.

Uno de mis mayores miedos siempre fue ser como los demás. Al hacerme mayor me percaté que no existe eso que llamaba “los demás”, aprendí que cada persona es un mundo, pero también me di cuenta de que es un mundo esquilmado, que lucha por sobrevivir a base de ocultar sus peculiaridades y pasar desapercibido. Uno de mis mayores miedos siempre fue ser normal. Por eso odiaba cuando mamá se hacía un traje en la modista y le tomaban medidas, por eso me da rabia que me pregunten que talla de pantalón uso, cual es mi número de zapatos o cuanto peso. No me gusta medir ni que me midan, no me gustan las normas ni los normales.

Así que de chico arrancaba las etiquetas a la ropa y hoy colecciono máquinas de escribir. Cuatro en un mes. Así olvido el cansancio, la obligación de seguir andando aunque me apetezca echarme a dormir .

Ahora voy a limpiar la última, a intentar arreglarla, a preguntarle cosas, a recortarme el bigote para hablar sobre magnolios, a leer novelas apocalípticas y creerme el protagonista. A seguir construyendo esa fina capa, esa segunda piel en la que me siento cómodo.

Disculpen si hay alguna incoherencia en el texto, va a ser colgado sin siquiera ser revisado. La razón de hacerlo así es que ya no puedo pasar ni un segundo más acumulando sentimientos.

Voy a por el viejo cepillo de dientes para llegar a los rincones más recónditos.

5 comentarios:

delirante dijo...

Estoy contigo, querido argax... Creo que no queda mucha gente normal, o casi ninguna, o ninguna en absoluto. La norma se ha visto permutada por una originalidad buscada, ansiada, pretendida y a veces hasta falsificada y artificiosa. Lo bueno es cuando uno es original y único por defecto, por naturaleza, como tú, y esa máquina roñosa destila por impulsos dactilares todo lo genuino que llevas dentro. Vas bien, tus cactus hablan por tí.

Besito

Vulcano Lover dijo...

cada máquina de escribir es única, y tiene su ritmo, y sus pulsaciones, y un temblor propio que se pega a las yemas... Yo también, amigo, también tuve miedo siempre de ser como los demás... y a pesar de ello a veces me traicionaba, y mentía.

Ahora no, ahora me mudé al nuevo universo, a donde no llega el ave ni los telediarios... Allí nada es igual, y cada día cambia. Allí hay un rincón de sombre fresca y una fuente. Puedes venir con el bigote recortado... ¿quieres?

Ernesto Hugo* dijo...

Como me dijo un buen profesor en 4º de carrera... "Lo único que me importa de ti Hugo, es que seas original y auténtico, que tú mismo marques las pulsaciones de tu vida, que te la creas, y la compartas con los demás..."
Como una máquina de escribir :)

Eva dijo...

Aunque quisieras tú nunca serias normal...Eso es lo que me gusta de ti, ya lo sabes. Tengo afición a la gente que precisamente es así, poco común (bajo mi punto de vista, claro). Asi olvido que yo soy precisamente eso, común, y que intento dejar de serlo, aunque me vaya la vida en ello.
Beso
Te debo una pelicula entera jajaja

Argax dijo...

Gracias por tu apoyo Delirante.

Vulcano, quiero.

Ernesto hugo, como una máquina, una rara avis, así me gusta sentirme a mi, un aparato desubicado entre tanta modernidad. Quiero que mi voz encierre el mismo secreto que las pulsaciones de mi máquina.

Eva, nadie es tan normal, ni tan comun. Lo que pasa es que se olvidan de que si no dejan salir lo que llevan dentro pues se acaban pareciendo todos unos a otros de una manera preocupante. Por eso a mi me gusta abrir las ventanas y dejar que entre quien quiera.

Besos para todos.