jueves 6 de marzo de 2008

Echo de menos...

El miedo que de niño tenía a las cosas insignificantes. Con gusto lo cambiaría por este abismo que se abre ante mí. A los seis años me preocupaba por el agujero en la entrepierna en el viejo chándal azul marino. Hoy los agujeros son otros y no dejan de crecer, de llenarse de muertos, de carreteras que terminan de repente, de vistas gordas, de omisiones de socorro.

La pornografía emocional del hombre calcetín. El hombre enrevesado. El hombre con las tripas por fuera y el corazón en la boca, las palabras que laten y los silencios en los que puede escucharse el cuchillo del viento exponiendo los más helados argumentos. Incontestables.

La sorpresa que viene de repente, sin buscarla, sin este sentirme cachalote con corcho en el espiráculo. Cachalote decepcionado que ha viajado en vano a las profundidades del océano y regresa muerto de hambre, compuesto y sin calamar gigante que llevarse a la boca.

La capacidad de que me crezca el rabo de lagartija cuando me lo cortan. Los camaleones cayendo de los pinos en una extraña lluvia de vitalidad. Los eslizones escurriéndose entre los lirios de mar, las salamanquesas pegadas a los búnkeres ejemplificando con su existencia que con un poquito de intención uno puede agarrarse a sus sueños.

Mi reflejo en el espejo.



El pasado. La habitación atestada de trastos, la cama revuelta, gente gritando, vasos derramados, olor a sudor y calor, el suelo pegajoso, risotadas, besos de borracho, una voz, unos ojos verdes.

Para un amigo que ni siquiera lo leerá.

2 comentarios:

delirante dijo...

los que se han ido, pero en cambio siguen con nostros
los que no están, pero en cambio permanecen
los que se fueron, pero nunca del todo...
nos leen, nos escuchan, nos sienten, nos ven llorar, no ven reirlos, nos entienden y nos cantan.
siguen, definitivamente siguen.
y lo mejor es que no es consuelo, es una verdad comprobada empíricamente.

un abrazo, de los grandes, de los que se salen de la maleta, porque no caben.

Vulcano Lover dijo...

uno nunca sabe hasta donde viajan las palabras, hasta donde llegan y pasan de largo, o germinan, o caen sobre el delirio o la razón.
llevo una semana en el márgen, en la percepción convexa de las cosas, en la mirilla disfrazada de un voyeur al que le abrasa la inquietud de lo que no sabe y mira con desconsuelo y ansiedad
y calla, calla, calla...