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martes, 22 de julio de 2008

Motivos de suicidio y esperanza (1).

1.TODOS LOS BLOGS QUE VISITO ME PARECEN MÁS INTERESANTES QUE EL MIO.

Este título es la muestra más evidente de que a pesar de lo que dicen los que me rodean no tengo un pelo de extraterrestre. No soy más que un humano envidioso y ambicioso. Alguien que lee y quiere automáticamente dominar todo lo que lee, alguien que escucha y quiere entender todo lo que llega a sus oídos. Que desprecia en secreto los conocimientos ajenos y olvida los propios. Uno de esos que no mira por donde pisa y no se da cuanta de dónde está hasta que tropieza y da con sus huesos en el suelo, entonces un crujido, un dolor y una sensación húmeda en la palma de las manos lo despierta. Una supuesta realidad que se quiebra. Una punzada de intenso malestar que escala por la columna vertebral hasta el cerebro que, cerril, se niega a dejarla entrar, su pase de puerta por favor. Una huella roja contra el muro que usa para levantarse.
Sorprende descubrir la propia humanidad cuando desaparece la necesidad de compararse con otros. Pero para eso hay que caer muchas veces, para eso hay que perder el miedo a las palabras ajenas que salen de bocas ajenas, para eso hay que ser pequeño, diminuto, inexistente, hurgarte el ombligo hasta descubrir los restos del cordón umbilical. El secreto es volver a la encrucijada y tomar ese camino del que en su día sospechaste.

He aquí la oportunidad más suculenta que se me ha presentado desde hace tiempo. Ahora que recorro los caminos de espaldas o boca abajo, precisamente ahora que voy a pescar y me hace más ilusión que pique una bota vieja que una hermosa dorada. Hoy, ahora, aparece la imagen del Atomium, brillante e imponente. Esferas interconectadas. Porque si obviamos la megalomanía, nefasta herencia de Saint-Exupéry y su principito que saltaba de planeta en planeta sin quedarse en ninguno, sin entender ninguno; si pasamos por alto esos delirios del hombre que ya no soy, del hombre ciudadano modelo y productivo, ambicioso, consumidor de si mismo, ese hombre grande, tan grande e inflado que casi pueden oírse los quejidos de los hilos que mantienen unidas las costuras de su cuerpo. Si bajamos la vista y nos hacemos, como decía antes, insignificantes, entonces podremos ver las hebras que nos conectan a los demás. Como si un ejército de arañas se hubiera dedicado a tender recuerdos de sus viajes entre tu cabeza y la mía, la tuya y la del otro, la del otro y la del de más allá. Kilómetros y kilómetros de hilos que sin darnos cuenta nos unen. Porque, qué más da saber que yo me llamo Víctor y tu te llamas como te llames si no conozco el camino para tocar lo que se esconde detrás de tu nombre.

Ahora me voy a diseñar una camiseta de I (corazón) Arañas. Tengo que abrir los balcones ahora que el calor y el silencio han abandonado las calles. Tengo que poner en práctica toda la teoría que guardo en botes en la despensa de la cocina.
Porque el arroz está más rico siendo paella que siendo simple arroz hervido.

Hasta una próxima entrega.

lunes, 21 de julio de 2008

Más que un regalo

Hace unos días alguien me entregó un espejo y me dijo que lo leyera. Me dijo que encontraría entre sus páginas inquietantes razones para sentirme desnudo, apasionantes descubrimientos sobre la cercanía entre las yemas de mis dedos y la verdadera piel de las cosas.

Hace unos días alguien me llamó Harry y me entraron unas ansias enormes de empezar a pulir ese espejo que con timidez me dieron diciendo: “toma, espero que te guste, que te diga algo”. Las ansias crecieron cuando al tomar el espejo para destriparlo se precipitó una nota de entre sus páginas. Una nota dulce y llena de cabos tendidos para el abordaje, una nota empática y sincera, unas palabras que mutaban un simple regalo en el más valioso de los presentes..

Porque es muy agradable que los que te rodean te hablen sin palabras sobre el verdadero color de tus pasos, sobre como puede verse tu voz y que tacto tiene, sobre como, una vez desprovisto de cáscara, te conviertes en un ser transparente, evidente; un ser que existe sólo visto por unos ojos que le llaman a gritos por un apellido que no es el suyo: Haller

Hoy me miro en este espejo como Narciso se miraba en la superficie del agua. La diferencia entre él y yo es que yo ya estaba ahogado cuando me asomé al precipicio.

Gracias a quien las merece.

domingo, 13 de julio de 2008

Descubriendo a Kusturica



Prométeme que irás a la ciudad, venderás la vaca y con el dinero que saques comprarás un icono para la iglesia que estoy restaurando, te comprarás un recuerdo y comprarás una novia, bueno, intenta no comprarla porque si lo haces no ira bien la cosa.

Prométeme que ya no volverás a dudar que cualquier noche pueda convertirse en una sorpresa. Cualquiera, a pesar de que no te apetezca salir, a pesar de que no cojas el teléfono porque intuyes ya las palabras que te aguardan al otro lado. Siempre hay cosas que hacer, no lo olvides.

Prométeme que vas a estar atento a mensajes como los que se ocultan tras la última película de Kusturica, que vas a ser más inquieto porque no puede ser que un director que hace cosas como esta haya hasta hoy pasado inadvertido para ti.

Prométeme que desde hoy queda borrada la idea de que la poesía está sólo en los libros.

miércoles, 9 de julio de 2008

Todo is posible

Porque si deseas mucho una cosa, cuando menos te lo esperes te encontrarás dando los pasos oportunos para poder obtenerla.

Me he encontrado esto y quería compartirlo.

martes, 8 de julio de 2008

Neuróticas confesiones de un depresivo no diagnosticado.

Al grito de sálvese quien pueda los restos de mi conciencia se ponen a cubierto. Suena como cada mañana la primera luz que precede al móvil usado como despertador. Una hora, aun falta una hora para tener que levantarme y yo me muero de frío. Es verano, como puede hacer tanto frío.
Un robot que moja magdalenas en el café, el mismo video con las mismas noticias que se repiten día tras día. Una broma, seguro que es una broma. Tiene que serlo.
Línea 32. Ordenador, cortesía y cuenta atrás. Necesitamos subir el margen bruto, la verdad es que no sé a cuanto asciende el coste de ese despido, hola, tenéis mala cara hoy, qué tal habéis dormido, bien, muy bien repiten todas a coro mientras bostezan. Quién sale a desayunar, canta el grillo, cuenta atrás, cuánto ha costado el envío de hoy, es necesario reducir el gasto de papelería, firme aquí por favor, enseguida se lo confirmo por mail, las siete y el asiento que no me suelta. Me gustaría trabajar en una fábrica con un estruendoso silbato que señale el fin de la jornada. Línea 32.
De regreso a casa siempre pienso en que nada más abrir la puerta me voy a convertir en Kafka y voy a crear mi leyenda a golpe de inspiración. Pero resulta que me reciben las pelusas que corren impulsadas por un viento de procedencia desconocida y yo pienso en John Wayne batiéndose en duelo mientras las matas resecas golpean sus tobillos justo antes de desenfundar, cargarse a su enésimo rival y acudir con parsimonia al salón donde el tabernero apunta en una pizarra un palito más y le pone un güisqui en vaso diminuto. Siempre pienso cosas así de extrañas cuando mi mente está agotada. Aunque en este caso la asociación entre la pelusa y el matojo reseco es evidente y tan directa que casi ofende a mi alma de surrealista convencido.
Y cuando me doy cuenta y me dispongo a sentarme delante del cuaderno resulta que ya apenas veo porque tengo la cebolla del sofrito de los espaguetis y los vapores de la lejía metidos en los ojos además de la anticipación de lo que va a suceder mañana tirando de los párpados desde detrás de esos ojos llorosos.
Al final me voy a la cama sin haber escrito ni una línea, ¿quién cojones me mandaría a mi ser tan práctico? Es entonces cuando empiezo a escuchar las voces.
Porque para ser feliz, dice la abuela Teresa, necesitas un futuro y el futuro pasa por un empleo que te rinda beneficios. Escucha a tu abuela que se deslomó trabajando para sacar adelante a sus hijos a costa de su propia dicha.
Porque para ser feliz hay que escuchar al corazón. Bueno, a mi no me sirvió de mucho y aunque los inicios fueron prometedores, enseguida tuve que volver al redil. Dice mi tío el legionario mientras yo miro por encima del hombro la foto en la que toma en brazos a un chimpancé vestido de flamenca.
Para ser feliz has de estudiar y obedecernos me dice el monstruo bicéfalo llamado Progenitor mientras la cabeza femenina muerde el cuello de la masculina que es la que habla.
Para ser feliz has de dormir, dormir, llorar, llorar, enfadarte con el mundo, mirar impávido como un maniquí por la ventana. La voz se calla en cuanto le enseño una caja por abrir de antidepresivos.
Para ser feliz sólo debes tomar ejemplo de nosotros que nos apilamos en tu memoria. Tómanos y bébenos. Cualquiera de nosotros vale. Pupila, magnolio, cuchilla, una silla que ladra, un cadáver que se pudre, ese chico que desapareció en África, Soria en invierno. Somos tu propio olimpo, tu espejo, tu claro ejemplo a seguir.

Al grito de sálvese quien pueda me planto dos tapones en los oídos y me dedico a intentar arrancar este coche calado al borde de una carretera secundaria. Está claro que nadie va a parar a socorrerme.

No vean resentimiento en mis palabras, el mundo ya era negro y amenazador antes de que yo posara mis vista sobre él.