Hoy he dormido mal. La mitad de la noche a tu lado. Esa mitad profunda y plácida hasta que el calor me ha desvelado y he comprobado que me faltaba el aire. La otra mitad solo en el sofá, mirando la luz amarilla que entraba desde la calle transformarse en trinos de gorrión, en día.
Hoy he dormido poco y me he levantado cansado. El día se presentaba difícil mientras untaba el pan en el resto de aceite del plato. Pero ha bastado pisar la calle para descubrir que estaba equivocado.
Sobre la acera me aguardaba la alergia y un insidioso dolor de cabeza; los mismos pasos de cada mañana dirigiéndome por distintas calles hacía la obligación que me impuse y que ya empiezo a apreciar como oportuna e ilusionante.
Un par de horas batiéndome con el sistema de adopciones andaluz, con montañas de pañuelos de papel. Asistiendo también al combate entre la queja por este cuerpo para el desguace y las ganas de salir a caminar ayudado por estos pies sabios, que conocen mis emociones mejor que mi cerebro blindado de esquemas y normas que alguien, seguro que con buena intención, me regaló. Menudo regalito.
Al final, después de tres horas, ya no he podido resistir. Había triunfado el optimismo y tenía la necesidad de celebrar esa inesperada victoria. Salí a sentarme en un banco, garabateé en mi libreta palabras sueltas que fueron ganando consistencia, que se buscaban y se abrazaban. De repente encontré ante mi unos pocos versos. El día se había dado la vuelta.
“¡Yo alegre, vaya novedad!¡Esto se merece un brindis!”
VIRGEN DE PLÁSTICO
Con su manto de nylon
y la corona eléctrica,
con pilas en el pecho
y una sonrisa triste
se la ve en las vitrinas de todos los comercios
y en los sucios hogares de los pobres católicos.
En Nueva York los negros
tiene su virgen blanca
presidiendo el lavabo
junto a la cabecera...
Es un cruce de Virgen entre Fátima y Lourdes,
un leve vaciado con troquel «made in USA»,
tiene melena larga y las manos abiertas
es lavable y si se cae no se descascarilla.
Las hay de tres colores,
blancas, azules, rosas
―las hay de tres tamaños―
―aun la grande es pequeña―.
Así, sin angelitos,
me diste tanta pena,
Virgen pura de plástico,
se me quitó la gana
de pedirte un milagro.
Suelo celebrar las alegrías con un libro. Hoy compré uno de Gloria Fuertes, me apetecía sonreír y sentirme niño.
3 comentarios:
Me quedo mirando fijamente a tus aparentemente no, pero sí... crípticas. No sé qué pensar. Me quedo como un smiley en modo espera... A ver si hablamos. El calor está a punto de llegar...
Pues chico, tu pregunta que yo te respondo. ¿Qué te causa dudas?
Buena elección literaria...
Bss!
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