viernes 1 de mayo de 2009

Invocaciones de un miope sin sus gafas


¿Qué hacer cuando ya no se puede aguantar más el sospechosamente definido dibujo de lo que tenemos frente a nosotros? ¿Cómo evitar la sensación de que si alargamos el brazo y tocamos la fachada del edificio que tenemos delante este se desplomará como un decorado de cartón piedra?

La solución está en el pitido del despertador a las siete y media de la mañana. Nada tiene que ver el sobresalto producido por la repentina vuelta a la conciencia cuando despertamos, el latir de los hombros cargados después de haber dormido en tensión o la boca pastosa de cadáveres que no dichos el día anterior. La cura para todas mis sospechas sobre la realidad salida un molde que jamás se va a romper no es otra que la visión borrosa que me provoca la miopía.

Quién me iba a decir que con los años acabaría agradeciendo a la naturaleza esta tara que hoy me aporta casi siempre la primera sonrisa del día. Hoy se puede corregir este defecto con cirugía sencilla, no es necesario estar limitado por una visión defectuosa. Muchos me preguntan cuándo me voy a operar los ojos. Suelo callar unos instantes ante el interrogante que me suena a imposición, que no sale de sus bocas sino de ese manual del buen ciudadano que todos vamos interiorizando con el tiempo. Cuando me decido a hablar siempre es para mentir un poco, solo un poco. Suelo comentar que no me opero porque las dioptrías no están estabilizadas y es una tontería hacer nada para a los pocos meses volver otra vez al punto inicial. Callo lo que de verdad pienso. Para que carajo voy a operarme, opérate tu si tanto interés tienes —¿Existen las operaciones para devolver la miopía?—. Y es que este defecto de visión que para la dictadura estética de hoy en día es un vestigio del pasado se ha convertido en una de mis más preciadas posesiones.

Soy un ser neurótico, nervioso, inseguro, hipersensible, introvertido y desconfiado (también tengo virtudes, lo juro, no es el pesimismo un defecto que pueda añadirse a la lista de arriba). Sospecho con frecuencia de las cosas que suceden a mi alrededor, no confío en lo obvio, en las palabras que se vacían de contenido para acabar escuálidas y desangeladas. Vamos, que no suele gustarme lo que veo a mi alrededor y es jodido estar luchando con la condición rocosa de la realidad. Las cosas son como son y no podemos hacer nada por cambiarlas, mensaje llegado a mi presente directamente de mi infancia. Sigue la corriente y no intentes sacar los pies del plato, mensaje de madre que nunca sabe muy bien como querer y aconsejar a sus hijos. Para que te vas a molestar en cambiar nada si al final vas a criar malvas como todo el mundo, amistades que tampoco es que aporten muchas soluciones ya que suelen estar demasiado enfrascadas en sus propias neurosis, nerviosismos, inseguridades, susceptibilidades, cerrazones y desconfianzas.

Para frenar mi neuroticismo y ese dibujo rígido del mundo sólo tengo mi imposibilidad fisiológica de verlo tal y como es. Mis ojos hacen lo que yo no soy capaz de hacer, pasan un paño húmedo a lo que tengo delante y lo emborronan, lo distorsionan, convierten lo que me rodea en un lienzo en el que se ha intentado pintar pero que ha provocado la frustración del artista porque lo que estaba creando nada tenía que ver con la verdad, con la belleza o con lo humano.

Así que cuando me siento incapaz de asumir lo que veo me quito las gafas y las pongo sobre la mesa. Al instante todo se difumina y se vuelve algodonoso. Ahora puedo volver a pintar. Nada de líneas rectas que delimitan a la perfección el contorno de los objetos, nada de colores nítidos, nada de consistencia de granito. Ahora manda el sueño, la imaginación, la posibilidad. Sólo tengo que añadir un poco de fe para creer que cuando vuelva a ponerme las gafas, algo de lo que he inventado estará aun ahí. Necesito creer que los mañanas mejores, los futuros lejanos, las conversaciones pendientes, los esfuerzos aplazados se van a impregnar de lo que he pintado, llamado para que me ayude a cambiar el mundo. Esa es mi ingenua ambición.

Si veis a alguien sonreír por la calle con las gafas en la mano ya sabéis que está reinventando esa verdad de la buena, alegraos por él.

10 comentarios:

maliae dijo...

yo llevo las gafas de prebicia premenopausica encima de la nariz y sólo me las acerco a los ojos para leer.

creo que sé de qué hablas y creo que es una buena forma de entender como funciona el mundo, creo...

un abrazo algo pocho... pero de verdad

Argax dijo...

Es una forma de hacer el mundo soportable. Seguramente no es la más sana pero es la que tengo, necesito saber que las cosas pueden cambiar si yo quiero.

Un abrazo.

Arezbra dijo...

Puede que lleves razón compañero y que "sin escamas" sea más difícil vivir, pero en el fondo, sabes que no podrías ver como ellos y no como sólo tú y otros pocos lo hacen e intentar ser dichoso porque siempre estarías insatisfecho. La gente afortunada como tú, la gente que puede llamar virtud al pesimismo realista y cínico que hace que escriba de manera tan magistral no puede turbiar su vista, sus ojos privilegiados tienen que revelar la verdad al mundo...
Un abrazo y sigue escribiendo aunque sea sin gafas para regocijo de otros miopes puntuales...

Vulcano Lover dijo...

A mí sin embargo, fíjate... siempre me dio miedo quitarme las gafas y quedarme viendo el mundo borroso, desenfocado.

(inevitablemente me viene a la cabeza la peli de Woddy Allen, desmontando a harry era? en la que él mismo se desenfocaba para los demás, jajaja)

Ay, cómo te echo de menos a veces...

Yo soy Joss dijo...

Olé ahí, qué campeón. Como gran miope que soy, comparto tu opinión y la aplaudo. Fue gracias a la miopía, que cuando era un niño, pude por primera vez plantearme que la realidad no tenía por qué ser cómo todo el mundo dice que ha de ser, es obvio: yo veía el mundo de manera distinta a cómo lo ven los demás...

luigi dijo...

Quizas sea mejor así. Las cosas nunca son como parecen, siempre tienen dobleces, arrugas, pliegues... seguramente al verlas borrosas se ven cosas que no se ven de normal. Mira por ejemplo como pintaba El Greco...

NaT dijo...

Me ha encantado esta entrada, de veras. Ahora sé que ser miope es mejor que no serlo porque tenemos posibilidad de vivir en otro mundo al que no todos pueden acceder.
Gracias por mostrárme que no es una tara si no un sitio más donde refugiarse.

Besos de Predator miope a Alien miope.

Café con Agua dijo...

Un miope sin gafas pero dulce, y una ingenua ambición...(con tu permiso)te recomiendo otra:comprar más miel, porque aunque yo dé consejos que no sigo, hay que poner más miel en todo. ;)

Bss.

Nono dijo...

Llevo gafas de miope desde que tenía 12 años, a lo largo de otros tantos me fué creciendo y creciendo la miopía. Poco a poco se paró, pero las 8 dioptrias no me las quita nadie, las quiero para mí; estoy cansado de que mi familia y mis amigos me digan que me operen pero, hasta ahora, aguanto bien con las lentillas puestas incluso 24 horas seguidas, me baño en la playa, corro en el gym y salto en la discoteca sin acordarme que las llevo.
No tengo aún pensado operarme. ¿Por que no voy yo a ser igual que los fumadores que se niegan dejar el tabaco? Además mis diotrías no hacen daño, por lo menos cuando conduzco y llevo puesta las lentillas, no sé hasta que punto sería un peligro publico hacerlo sin ellas... tal vez lo pruebe, como la gallinita ciega.

Argax dijo...

Arezbra, seguiré escribiendo, quitándome las gafas todas las veces que necesite imaginar que estoy viendo la realidad de todo lo que me rodea.

Efectivamente Vulcano, Desmontando a Harry. ¿Tu miedo? Bueno supongo que como todos lo tendrás pero me apetece decirte que desde fuera no lo parece.

Hermano miope Joss, de chico yo no me planteaba tanto las cuestiones sobre la realidad y si me enfrascaba más en atender mi neurótica necesidad de encajar. Con el tiempo la miopía ha ido derivando en lo que he contado en la entrada y mi neurótica sensación de encajar se ha apartado a un lado para dejar paso a la neurótica sensación de querer entender.

Pues sí Luigito, el arte siempre ha buscado otras visiones, otras perspectivas.

Predadora de mis canne, me alegro que veas como yo, es decir, mal. De todas formas no te refugies mucho en la miopía que sino voy yo al estilo madre y te regaño por no llevar las gafas.

Café, no sé muy bien a que ingenua ambición te refieres pero tienes bula papal para comentar lo que quieras y decir lo que quieras aquí, estaría bueno. En cuanto al consejo de la miel, pues... pocas veces me dieron alguno mejor.

Nono, cuando lo pruebes avisame. No para meterme en casa y evitar el peligro sino para salir con un capote y torear al motorista cegarruto.