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domingo, 26 de julio de 2009

Como no llenar el tiempo (semana horribilis)

Tener demasiado para pensar no es recomendable cuando se está instalado en la duda y la incertidumbre.

Pues yo he tenido toda una semana para darle vueltas a la cabeza, para avivar el fuego de lo incierto. Siete días en los que mis ideas, deseos y sentimientos se han desplomado del andamio y se han estrellado contra el suelo. Cuesta mucho reconstruirse, he pasado muchas horas con los dientes apretados, confuso y con ganas de gritar.

Me pasa con frecuencia que la neurosis viene a instalarse en mi cabeza, normalmente la escucho llegar y me preparo pero en otras ocasiones llega de noche, cuando duermo, y busca un hueco en una parte de mi cerebro a la que no tengo acceso, una profunda y cálida, donde se acomoda y comienza a pellizcarme el seso en ese juego macabro del gusano dentro de la manzana.

Me resulta muy curioso como uno puede perder la perspectiva de lo que le rodea, como puede falsear sus percepciones, sus impulsos y las justificaciones de lo que hace o dice. Acabar perdiendo el control en definitiva hasta el punto de no reconocerse, de vivir los objetivos y apetencias que le son propios como una amenaza, como una losa pesada de la que es necesario desembarazarse.

Demasiado tiempo para jugar con las variables de mi futuro, para inventar formas de huir, para construir decorados ajenos en los que no puedo más que moverme con torpeza y desorientación. Como todos esos bosques que arden en verano mi capacidad de decisión, mi percepción de la realidad, se consumen en una pira provocada por la negligencia de esa parte de mí que sólo quiere una vida fácil y sin preocupaciones.

Tener demasiado que pensar y poco que hacer más que sostener un esfuerzo sin objetivo a corto plazo. Eso es lo que me ha sucedido. Observo a mi alrededor y compruebo como todos devoran sus piruletas tras una pataleta infantil de yo lo quiero ahora, y claro, se me antoja un dulce porque uno se cansa de roer mendrugos de pan, de adorar las cosas que están lejanas y son de humo. Así acabas queriendo lo que otros comen sin saber a qué sabe, sólo quieres experimentar el placer que ellos parecen sentir, sólo quieres satisfacer la necesidad de tener la cajita pequeña para ir engañando el hambre. Entonces olvidas que tú no comes dulces y empiezas a emborronarte, esa es la comida de otros y no sacia tu hambre.

Demasiado tiempo para pensar y muchas dudas por delante.

De repente, tras escribir largos párrafos en tus diferentes libretas intentando poner las ideas de nuevo unas sobre otras, después de llorar con el cigarrillo en los labios, de confundir el pasado con el futuro, de comprobar como la muerte aparece siempre como solución tranquilizadora. También sin avisar, tal y como lo hizo el derrumbamiento, sobreviene la calma. Unas veces es una conversación casual, alguien que te dice “tienes la mirada perdida” y tu vas y le sueltas todo el bolo confuso de ideas a medio digerir. Sólo el hecho de que alguien las escuche sirve para que tu mismo seas capaz de darles un orden. Otras veces te vas a dormir y por la mañana te encuentras el andamio de nuevo en pie, como en ese cuento de los enanitos remendones, entonces sonríes y agarras la escalera para subirte a la estructura reconstruida de tu pensamiento.

Demasiado tiempo para llenarlo de ideas distorsionadas en lugar de acciones satisfactorias. Empieza el ciclo ascendente, de nuevo ves tu reflejo en los espejos, desprecias los pequeños presentes pues en tu mente sólo cabe el gran regalo que aguarda al final del esfuerzo que decidiste acometer. Todo se simplifica, deja de haber enemigos tras las esquinas embozados para darte caza, las piernas ya no pesan y la muerte vuelve a ser como en los relatos de Ray Bradbury: una calavera de azúcar que venden en los cañizos de las fiestas en un pequeño pueblo de México.

sábado, 18 de julio de 2009

Realidades que se acercan

Esta mañana a instancias de El Mudo leí la crónica que Negrete dejaba en su blog sobre su semana astronómica (http://franciscoreflexiones.blogspot.com/2009/07/cronica-astronomica.html). Apuraba el café sin poder dejar de leer. “¡Qué detallista es este tío!”, pensé. No suelo escuchar al grupo objeto de tan pormenorizado seguimiento pero de inmediato se me vino a la mente una canción de un grupo que aparece también en su relato: Eskorzo. La canción: C/ La amargura y habla de inconformismo.

Me gusta tanto que por medio de los blogs se crucen los hilos de vidas tan distantes. Me gusta imaginar a Negrete caminando por Madrid observando como la ciudad se despliega delante suya.

Ahora me dedicaré a imaginarte Francisco como antes hice con otros que han ido entrando en mi realidad. De momento te ubico en un piso sin muebles, hay cervezas abiertas a medio acabar, ya andas algo ebrio y cantas a voz en grito tu inconformismo como en esta canción.

martes, 14 de julio de 2009

V.O.S.

Diálogos escondidos entre las palabras que podemos escuchar, atenuados, casi imperceptibles si no se está atento. Esa es la forma de narrar que tiene este director.

Me topé con él hace unos años, creo que era la época en que Almodóvar estrenó “Todo sobre mi madre”. En un programa nocturno de cine cacé un nombre al azar: no se qué gay. Obviamente me quede con lo de gay y más en ese momento en el que yo aun andaba tirando monedas al aire para ver si prefería las churras o las merinas. Quizás por eso decidí buscar la película de la que hablaban en el programa: “Krampack”.Me gustó mucho, me gustaron las conversaciones pausadas de los protagonistas y el papel del actor rubio, Ramallo.

Con el tiempo olvidé que este director existía hasta que una tarde de aburrimiento me metí en el cine a ver “En la ciudad”. Fue una de esas veces que pruebas suerte, llegas al cine y no sabes de qué van las películas, miras un poco la cartelera y te imaginas que es lo que encontrarás en cada una de ellas. En la ciudad, grupo de treintañeros cada uno con sus respectivas crisis, de nuevo diálogos lacónicos, como ollas a presión, palabras que parecen a punto de reventar por todo lo que callan. Salí del cine con una sensación de fascinación que aun evoco, joder una película española puede provocar esto en mi abotargado cerebro, por qué no se hacen más películas como esta, quien coño es este tío que es capaz de dejarme tan sorprendido. Cesc Gay, de qué me suena ese nombre, no sé, en casa lo buscaré.

Y tanto que lo busqué, al ver su filmografía recordé la película de los dos adolescentes en la playa que hace unos años tanto me interesó. Señor Gay ha ganado usted un seguidor incondicional. Desde ese momento espero cada película suya con avidez, no creo que pueda cansarme de sus personajes, tan catalanes ellos, tan contenidos, de sus elecciones musicales, de su tiempo lento, de la sonda que lanza en cada película hacia esos rincones que todos dejamos sin barrer, él llega a ellos, con una pajita, y absorbe su esencia para después enseñárnosla en sus historias, es el trasfondo de todas ellas. Nunca he visto a nadie que le saque mayor partido a la omisión de la verdad y a la ocultación de los miedos y los sentimientos.

Su última obra es algo distinta, está concebida para ser una comédia, pero el toque cómico es sutil y al trasluz pueden verse los signos de identidad del director. La película es una virguería de guión (basado en una obra teatral) que entremezcla realidad, ficción y el mundo que hay en medio, el mundo de los que hacen la ficción, ya que todo está ambientado en la grabación de una película, una comedia romántica para más señas. Los actores, mejor ellas que ellos, correctísimos y con momentos brillantes. Algún guiño para cinéfilos y muy buena música marca de la casa, será menester hacerse con las bandas sonoras de todas las películas del señor Gay, de seguro ilocalizables si es que siquiera llegaron a editarse. Me gustan especialmente de este director las escenas a la mesa, cenas, comidas, picnics y similares. Ahí saca el mayor partido a todos sus personajes, los lleva al límite, los hace explotar o callar para siempre.

En fin, ahora quedan unos añitos de espera hasta que venga la próxima. Mientras tanto me quedo con la sensación de extrañeza que me ha provocado ésta y con el buen sabor de boca.

Hay cine español bueno aparte de los grandes gurús. Seguro que hay más directores como éste y que nos estamos perdiendo.

Una pena.

sábado, 11 de julio de 2009

Había olvidado

Lo más peligroso que nos puede ocurrir es olvidarnos de lo que nos da placer. Uno puede meterse tanto en la rutina de llegar a ser que acaba pasando por alto todas esas cosas que, cuando empezaba a adentrarse en la adultez, le servían para mitigar el miedo y la incertidumbre provocados por las novedades que se le echaban encima.

Cuando eso ocurre uno empieza a sentirse hueco, a levantarse cada mañana por inercia, sus movimientos estereotipados y repetidos hasta la saciedad empiezan a producir chirridos en las articulaciones cansadas que recuerdan mejor que ese cerebro acomodado quien es uno. Persiguiendo sueños que ya no le pertenecen, siempre con la sensación de correr tras imposibles, empezando a dudar de la propia capacidad, de la valía del mundo que ha levantado a su alrededor.

Pero siempre llega un día en el que ya es imposible seguir aguantando, un día en el que uno se queda detenido frente al reflejo difuso de su cuerpo deformado en la marquesina de la parada del autobús. Ese día me ha llegado, necesito parar y analizar como desemboqué en este punto, necesito no tener que enfrentarme en el futuro a la congelación de mi ánimo en pleno verano, no quiero dejar pasar más autobuses mientras permanezco atónito observándome en el cristal sucio de la parada que es siempre la misma: el mismo principio cada día, los mismos pasos que ya no resuenan desde que desgasté los tacones que me hablaban y me advertían con el eco de sus orígenes.

Había olvidado lo importante que es escribir para poder mantenerme equilibrado y objetivo. Soy una persona que no sabe hablar consigo misma, alguien que interioriza demasiado, tanto lo positivo como lo negativo, y sólo a través del folio abierto y virgen puedo extraer el vino fermentado de mis sentimientos y motivaciones. Había olvidado la sardónica blancura de lo desconocido, la maravilla de las letras apareciendo poco a poco justo con la forma de la idea que me oprime las sienes desde dentro. Estos meses había escrito mucha poesía y con ella me había aislado en una visión sesgada de la realidad. No había conectado mis versos con el resto de lo que hacía, los utilizaba para poder dormir, para poder descansar de mi carrera sin meta definida, para poder sentir el gran vacío interior que yo mismo había creado.

No es que crea que actué mal. Me limité a centrarme en la parte que controlo de mi manera de ser, a huir del miedo que me provoca la inseguridad de mis objetivos vitales. Hoy eso se acabó, vuelvo a escribir y pienso hacerlo de una forma distinta. Acorralaré la queja que solía preñar mis relatos y mis comentarios, miraré el fondo del pozo antes de sacar la cuba con agua, dejaré de comer bocadillos de aire. Ya está bien de corteza, de apariencia, de inercia.

Hoy vuelvo a escribir y sé lo que eso significa. No más pereza, no más miedo. Comprometido como estoy, sin contrato, con mi propia existencia no puedo más que esforzarme para que esa relación entre el tirano y su súbdito acabe siendo una tortilla volteada. Acabarán al mismo nivel los platos de la balanza y las olas volverán a traerme con suavidad a la orilla, volverán a ser el calmado sonido que utilizo para adormecerme y no el barullo ensordecedor que me escupe a una playa de guijarros maltrecho y ensangrentado.

Lo qué llamé crisis o bloqueo hace un tiempo no era más que pereza mezclada con miedo. Pero ahora sé que he de lanzar mi mirada hacia atrás, lanzar con urgencia el cebo a mi pasado reciente y empezar a recuperar todas esas cosas que me llenan y me causan placer. Sólo empezaré a avanzar de nuevo cuando sepa quien soy y de donde vienen mis pasos.

Por eso a partir de ahora quiero dejar de escribir exclusivamente textos basados en mi abstrusa filosofía de café y tostada de aceite, dejar de pronunciar lo primero que se me pase por la cabeza y el corazón (para eso está, como he dicho antes, la poesía). Pretendo darle a este lugar un aspecto menos anárquico, aportarle un poco más de contenido, hablar en él no solo de mi individualidad sino de todo lo que contribuyó a asentarla. Por supuesto que seguiré siendo críptico, que seguiré perlando el blog de relatos personales; pero ya mis textos no serán coto vedado, pretendo hablar de todo lo que está fuera, adherido a mi piel, pero en el luminoso exterior.

Quiero que compartáis esta jornada de puertas abiertas y que me digáis con total confianza si en algún momento volvéis a encontrarme encerrado en mi fortaleza.