Etiquetas

Acercamientos Adivinanzas adolescencia Afuera Alejamientos Amigos Amorios Ansiedad Antropología personal Ausencia Autores Bares Barrio Barroco Bradbury Buzón Cabra calendario Calles Calma Camas cambio Canis Cansancio Casa Cerveza Ciclotimia Ciudadano Comistrajos Conjuntos Córdoba Cuento Curro Depresion Despedida Diccionario del diablo Diverso Ducha Dudar e-book Ego Entusiasmo Escritura automática Esperas Espiral Literaria Esponjoso Esvivir Excusas Experimentos con gaseosa Familia Fascinación Ficción en primera persona Fiebre Filosofía mañanera Filosofía mañanera por la noche Filosofía mañanera por la tarde Folk Folletín Fútbol Galgos Gato Gazpacho Gorrión Granada Gustos y costumbres Hablar Hombre Bala Hombres (tipos) Hormigas Idolatría Improvisación Inercia Infancia Insectos Insomnio Internet invisible Juventud divino... Lecturas Leer Lenguaje Lento Libertad Librerías Lisboa Luna Luz Macetas Mamá Mañana Mariachi Medicos Micro Miedo Miedos Mientras Moral Morbillo Mudanza Muerte Mujeres Mujeres (tipos) Música Nada Navidad Neurosis Niñohombre Niños Noche Novela Novela Negra Opino Optimismo Orden Ozú como estamos (autoterapia) País Palabras Papá Paraísos Pasión Películas Pereza Pino Plantado Playa Poesía Política Portugal Publicidad Qué jartito estoy queja Quemar Realidad Refranes Religión Reseñas ruido Sacar Semana Santa Señales Sevilla Shorradas variadas Soledad Sosialrelachionchips Soy Turista Sueño Sustituir SyE Tacones Tanatorio Tarde Tatuaje Tiempo Tópicos en gral. Tópicos Veraniegos Torre de Arena Tostadora Vacaciones Venganza viajes Vicios y malas costumbres Vino Virtudes Volver Yamadao

martes, 29 de septiembre de 2009

Obsesiónate con hombres

"Obsesiónate con hombres y si es algún actor desconocido mejor que mejor". Eso es lo que suele decirme el Víctor en miniatura que se sienta en mi hombro izquierdo vestido con un frac rojo mientras fuma un cigarrillo y me va quemando, entre calada y calada, la mejilla.

Aviso a navegantes, esta entrada va a convertirse en una especie de crónica de revista adolescente, mi versión marica de la super pop, voy a conseguir resistirme a poner uno de esos videomontajes horribles que circulan por youtube a base de fotos que van pasando mientras una música digna de Fama, no la fama de Leroy sino la de la Paula Vázquez, nos martillea los tímpanos. También, al concebir esta entrada, estuve cavilando acerca de ofrecer un poster del gachó que la protagoniza a todo el que tuviera el valor de leerla entera. Idea que deseché porque he decidido quedarme con todo el merchandising para mi onanístico consumo personal. Una vez hecha la advertencia y aun considerando el peligro que corre vuestra visión sobre mi madurez afectiva, os pediría que os quedarais hasta el final. Algo sacaréis.

"Obsesiónate con tíos, me dice el diablo de mi hombro". Miro a mi derecha y encuentro un cartel de cerrado por defunción. “Ese ya se cansó de ti, tienes la mente demasiado sucia, desde el cielo te han dado la espalda, en tu expediente hay matasellado un alma perdida que lo deja bien a las claras. Tu escúchame y sobre todo sigue mis consejos, te irá mejor”.

Y eso hice.

Un día, ya lejano en el tiempo, allende los albores de mi homosexualidad, buscando me hallaba por páginas especializadas de cine tipo: bueno, aunque te falta un agujero yo te quiero tal y como eres, cuando en mi deambular en busca de documentos frescos para ponerme al día sobre actitudes, gestos y habilidades para ser un buen acólito, topé, entre los muchos documentos fílmicos sobre el tema que descargué en mi ordenador (aun no me atrevía con la pornografía y buscaba suaves historias de amor dramático con las que pudiera identificarme), me topé, decía, con una película que no parecía gran cosa: Beautiful Thing. Por no llamarme en un principio mucho la atención quedó al final de mi lista de visionado. Así que transcurrió bastante tiempo hasta que me decidí a verla.

Por fin un buen día la vi. Y al día siguiente. Y al otro. Y al otro. Esperé una semana y volví a verla un par de veces en días consecutivos. ¡La hostia en verso! Qué había en esa historia que me hacía volver a ella una y otra vez, que aun hoy es capaz de sacarme una sonrisa y ponerme de buen humor. Investigando y leyendo sobre la película, hace un rato, he encontrado una frase que se aproxima bastante a lo que me hace sentir la historia que se cuenta. Algo así como que Beautiful Thing te demuestra que el mundo es una mierda pero la vida es cojonuda (poética, bella y emocionante).

Es una película sencilla, sin pretensiones, que de verdad se preocupa de contar una historia y lo hace tan bien que te olvidas por completo que es una obra de ficción, te identificas tanto con los personajes que te entran ganas de mudarte al apartamento de al lado. Como digo las actuaciones son tan creíbles que es imposible no conmoverse con ellos. Pobres, como sufren en ese barrio difícil, rodeados de miseria y problemas, aspirando a salir de allí, a irse lejos, muy lejos. Acaso no hemos sentido eso todos alguna vez cuando nos vienen mal dadas, pues ellos lo sienten durante toda la película y te lo ponen delante de las narices para decirte, mira, estos son problemas de verdad, así que no te quejes más de la cuenta pequeño. Y la música, ¡ay la música! Para el final de la entrada os dejo un corte de la película, la escena final, para que veáis lo que es bueno.

"Obsesionate con hombres". Me recuerda mi doble en miniatura agarrándome del lóbulo de la oreja y metiendo la cabeza en mi oído. Y yo me obsesioné, desarrollé una fijación por uno de los personajes de la película, el joven Steven, que acabo de vender a precio de oro. Interpretado por el actor Scott Neal, conocido en su casa a la hora de ir a comprar el pan para el desayuno. ¿Quién es ese chico feote, con carita redonda y mentón demasiado prominente? Me preguntaba yo. Vaya si se le ve el culete blanco, buen culete blanco. Pero que simpaticón es, míralo que desgarbado, que mono, que potencial por desarrollar por dios.

Todos sabemos que una buena obsesión tiene que ir aderezada con su correspondiente compulsión. Yo elegí ver una y otra vez esta escena:
Hasta que me dolieron los ojos. Pero como uno no está del todo tarumba, pues poco a poco mi fijación por este chico fue cediendo. Aparecieron otros, ninguno con el devastador efecto que tuvo Neal en mis, por esa época, revolucionadas hormonas y me fui olvidando de él.

Pero mira tu por dónde que ayer, rebuscando entre las películas que tengo puestas en tarrina aparte para revisarlas, me topé de nuevo con Scott, lo saludé y le sonreí. Hice un repaso de mis escenas favoritas y mientras lo hacía sentí que la obsesión renacía, había vuelto. Sentí un picor en la mejilla y un olor a chamusquina. Mi diablillo particular se reía en mi hombro de nuevo. “muy bien campeón, así me gusta, que no te olvides de lo que te enseño, verás que bien os lo vais a pasar esta noche Steven y tu arropaditos los dos en la cama".

Así que hoy, al levantarme he querido saber que ha sido de Scott Neal y me he puesto a investigar. Lo primero que veo es que el adolescente que era se ha desarrollado bien para convertirse en algo tal que así:



Una vez satisfecha mi morbosa y física curiosidad inicial, me interesé por su vida profesional, que uno es un hombre educado que siempre quiere saber que es de la vida de sus objetos sexuales predilectos. Poco he podido encontrar, ha seguido trabajando en su país, es británico, sobre todo en una serie de polis en la que hace un papel de atormentado gay reprimido que el día de su boda se acuesta con su sargento (creí entender, aunque con mi nivel de inglés a lo mejor era el celador y yo tan pancho contando aquí paparruchas, pero vamos para ser el celador, tenía toda la cara de sargento). La serie se llama “The Bill” y me gustaría tanto poder verla, pero creo que para encontrarla al menos subtitulada voy a sudar tinta. Paciencia y clases de inglés son las dos únicas soluciones posibles. Nada más he encontrado sobre otras cosas que haya hecho este chico, una pena, porque así tendría combustible para mi lado más groupie.

“Así me gusta chaval. Más pensar en lo mundano y menos darle al coco. ¿te lo pasaste bien o no anoche en la camita con tu obsesión?”. Veo como mi consejero se sacude la ceniza de las solapas del frac, se acerca y me da unas palmadas en la cara. “Adiós, sabes que no tardaré en volver”.

Por hoy también me voy. Os dejo con el final prometido. No perdáis puntada de Sandra, la mujerona rubia copa en mano, que es la madre del chico rubio. La mirada desafiante que lanza no ya a los vecinos, sino al barrio entero, como diciendo aquí estoy yo y puedo con todo lo que me echen, a mi me pone los pelos de punta.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Diccionario del diablo (III)


MAÑANA, 1. s. El día en que se cometen las buenas acciones y se cambia de vida. El comienzo de la felicidad (ver el Mañana cuando lleguen a él).


2. s. Última parte de la noche. Vulgar.



Mañana será otro día solía decir Paula. La creía, claro que lo hacía. Acaso no era la persona que lo había sacado de su vida anterior. Esperaba con paciencia, despertaba siempre antes que ella y buscaba con insistencia alguna señal índice del cambio prometido. Pero siempre le recibía su espalda arqueada con la espina dorsal luchando por rasgar la piel, la misma luz gris desde el patio interior del apartamento. Nada más abrir los ojos ya sabía que iba a ser otro día más, aun así confiaba en Paula y se levantaba a preparar el desayuno. No era un gesto de verdadero cariño, era más un acto funcional para ahogar el habitual mal humor de ella en el café. Le gustaba asistir a la transformación de sus labios fruncidos en una sonrisa aun tímida tras apurar el último trago del tazón. Ella comía rápido y le rozaba una mejilla camino de la ducha, él quedaba recogiendo migas y enjuagando platos. Lamía el cuchillo manchado de mermelada, ella aparecía en el umbral vaporoso del baño con la toalla apretándole los pechos y los hombros hacia atrás, dispuesta a afrontar su rutina. Admiraba su transformación, la envidiaba en secreto. Cuando ella salía a la calle enfundada en los ajustados pantalones negros y con la camisa abotonada hasta arriba, él se miraba en el espejo aun empañado pero carente ya de la calidez del vapor. El batín raído, la barba cerrada, las ojeras que distraían la atención de los ojos apagados. Volvía a poner la cafetera y bajaba al portal para mirar el buzón. Cogía la publicidad y la dejaba caer al suelo, tomaba las facturas y las guardaba en el bolsillo, apoyaba las palmas en los buzones del quinto a y c echando el peso del cuerpo hacia delante y miraba el interior del buzón, la puerta con la ranura abollada por haber sido forzada, con las esquinas oxidadas por haber sido también ignorado durante mucho tiempo. Ahora se había acostumbrado a abrir con la llave, pero el resultado era el mismo de siempre. La garganta vacía gritando sin voz, Paula en el bar hasta muy tarde y él esforzándose por seguir creyendo en un futuro que imaginaron entre los dos en el que no había espinas dorsales amenazando, ni luz gris todos los días del año, ni necesidad de magia barata para convertir labios amargos en sonrisas.


sábado, 5 de septiembre de 2009

Ciego ante la evidencia

De que las películas checas programadas en el festival de cine son igual de interesantes que cualquier otra. Supongo que pasará lo mismo sea cual sea la nacionalidad de la película.

De que Cortázar aun después de muerto es capaz de publicar un relato en el suplemento cultural del país. Es curioso como puedo sentirme sobreexcitado ente la posibilidad de una lectura. ¡Es qué es Cortázar!

De que Paul Auster es capaz de producir y publicar caca de la vaca. No sirve de nada endiosar a los autores que un día te conmovieron.

De que si me olvido de regar según que plantas se mueren, mientras que otras son capaces de resistir mi desidia y aparecer aun verdes cuando me asomo con cara culpable, rodillas flexionadas y regadera en mano, al arriate para intentar salvarlas de la sed.

De que una buena canción puede marcar la cadencia de una tarde que se adapta, mimética, a las subidas y bajadas de ritmo, a los bruscos cambios de tono y discurso de aquella.

De que vivir rodeado de personas lleva a desear que cada una de ellas de lo mejor de sí misma mientras que tu no es que te esfuerces mucho por hacer lo mismo.

De que las estatuas son las que más se aburren y los niños hiperactivos los que menos piensan; los que menos escuchan sus propios pensamientos, mejor dicho.

De que la culpabilidad solo sirve para cortocircuitar aun más el discurrir del esfuerzo que lleva, por caminos muchas veces insondables, al resultado deseado.

Ignorante y olvidadizo, así soy, así somos. Solemos creer que sabemos menos de lo que sabemos, nos centramos en saberes que nada nos aportan más que una precaria supervivencia en el aquí y el ahora. Permanecemos de espaldas ante lo que se oculta con sutileza tras el arrastrarse de las horas y buscamos colocones de entretenimiento y realidad inmediata, amnesia de todo lo que conlleva un compromiso con nuestra verdadera naturaleza; porque es más fácil satisfacer a los que nos rodean que a nosotros mismos. Es más fácil ver una competición de salto de altura que tomar impulso e intentar superar el listón, porque nos da miedo la certeza de que tarde o temprano acabaremos derribando ese listón y no podremos aplacar la frustración de sabernos torpes y muy lejanos a ser todopoderosos.

Ciego ante la evidencia de que la ignorancia hace feliz a las personas mientras que la conciencia y la claridad de ideas convierte al hombre en desgraciado y angustiado, pero a la vez le otorga la posibilidad de desarrollarse.

Reconozco que en demasiadas ocasiones elijo la ignorancia.