Etiquetas

Acercamientos Adivinanzas adolescencia Afuera Alejamientos Amigos Amorios Ansiedad Antropología personal Ausencia Autores Bares Barrio Barroco Bradbury Buzón Cabra calendario Calles Calma Camas cambio Canis Cansancio Casa Cerveza Ciclotimia Ciudadano Comistrajos Conjuntos Córdoba Cuento Curro Depresion Despedida Diccionario del diablo Diverso Ducha Dudar e-book Ego Entusiasmo Escritura automática Esperas Espiral Literaria Esponjoso Esvivir Excusas Experimentos con gaseosa Familia Fascinación Ficción en primera persona Fiebre Filosofía mañanera Filosofía mañanera por la noche Filosofía mañanera por la tarde Folk Folletín Fútbol Galgos Gato Gazpacho Gorrión Granada Gustos y costumbres Hablar Hombre Bala Hombres (tipos) Hormigas Idolatría Improvisación Inercia Infancia Insectos Insomnio Internet invisible Juventud divino... Lecturas Leer Lenguaje Lento Libertad Librerías Lisboa Luna Luz Macetas Mamá Mañana Mariachi Medicos Micro Miedo Miedos Mientras Moral Morbillo Mudanza Muerte Mujeres Mujeres (tipos) Música Nada Navidad Neurosis Niñohombre Niños Noche Novela Novela Negra Opino Optimismo Orden Ozú como estamos (autoterapia) País Palabras Papá Paraísos Pasión Películas Pereza Pino Plantado Playa Poesía Política Portugal Publicidad Qué jartito estoy queja Quemar Realidad Refranes Religión Reseñas ruido Sacar Semana Santa Señales Sevilla Shorradas variadas Soledad Sosialrelachionchips Soy Turista Sueño Sustituir SyE Tacones Tanatorio Tarde Tatuaje Tiempo Tópicos en gral. Tópicos Veraniegos Torre de Arena Tostadora Vacaciones Venganza viajes Vicios y malas costumbres Vino Virtudes Volver Yamadao

martes, 27 de abril de 2010

La cruz hecha astillas

MAÑANA

Son suficientes unas horas de sueño sin sobresaltos para leer lo que ayer quedó reposando como un pastel requemado en el alféizar y verlo ahora como el más suculento dulce. Curiosamente el ayer y el hoy salieron del mismo horno y parecen destinados para paladares antagónicos.

Por la mañana no importan los picotazos atronadores del martillo neumático en el portal de casa, las palabras suenan más fuertes que cualquier máquina inventada por el hombre. Qué más da lo que quedó a mis espaldas.

Es lo que tiene arrimarse a la ciclotimia y bailar con ella, que las mañanas parecen siempre soleadas.

Ponerse a escribir por el placer que produce hacerlo, sin restos de terapia, sin sabor a agujas. Escribir para arrancar la tartana.

Qué le vamos a hacer si siento como un complicado gráfico de la bolsa. Subidas y bajadas, compras y ventas, para que al final casi nada cambie. Los ricos muy ricos, los pobres muy pobres y yo más liado que la pata de un romano.

Ponerse a escribir sin recordar que ayer estaba colgado y con el costado abierto en una mueca de segunda boca lastimera.

lunes, 26 de abril de 2010

Desde que me bajé de la cruz el mundo es más feo

NOCHE

Ponerse a escribir con la cabeza en blanco, con lo primero que suene en el ordenador tapando el silencio, con el día congelado en la calima (el calor también detiene las cosas, las inmoviliza)

Me duelen las muñecas como si me hubieran bajado de la cruz le comentaba a alguien en un correo sospechosamente enviado al final del día, en ese momento en el que se hace recuento. Conclusión de hoy, el mundo es una impostura. Horas pasadas como el preso que oculta el túnel para escapar de su celda tras el poster de una rubia despampanante. El día con la cucharilla de postre rascando en las partes blandas de la realidad.

Ponerse a escribir como el que se toma una manzanilla cuando se le descompone el estómago. A mi me duele hoy el día y este repiqueteo me calma, amortigua el dolor.

Se me da bien quejarme, algo peor buscar soluciones. Cómo puedo estar tan desencantado a mi edad. De qué me alimentaré en los próximos años. Preguntas todas borrosas, asentadas sobre una base de pesimismo congénita.

Ponerse a escribir por no atreverse a gritar.

Cuándo va a venir la azafata con el ramo de flores y me va a pedir que mire a la cámara. Estás en un programa de cámara oculta y eres el mayor tonto de la historia. Enhorabuena.

Ponerse a escribir. Con dolor de muñecas como si me acabaran de arrancar de la cruz, como si no tuviera las manos bien soldadas a los brazos. Toda mi vida he padecido de esta disociación entre mis manos y el resto del cuerpo. Es cansancio, es hastío, es una postura algo forzada de alguien que está hasta los cojones de no entender muy bien de que va la película y aun así sigue adelante.

Al menos cuando estaba crucificado no me dolían las muñecas. Mortificado e ignorante incluso llegaba a sentirme satisfecho.

Ponerse a no escribir nada. Un texto que no es más que una limpieza de chimenea, una pataleta a discreción, el último suspiro antes de ir a dormir.

martes, 13 de abril de 2010

Pinos hipotecados


Pagaremos los pinares a precio de oro. Pero al menos podré volver a oler la resina y las azucenas de las dunas. Te llevaré conmigo como llevo al niño que vuelve para buscar los jirones de piel de culebra ondeando en las garras resecas de los troncos muertos. Encontraremos arena helada en pleno verano que nos calme el hastío de los pasos que desembocaron en ese mar compartido por muchos pero al que sólo tus ojos saben dar significado.

Huiremos, como la mayoría, de lo que somos, para acercarnos un poco a ese extraño hueco en el fondo del pecho, ese que parece imposible de llenar y que suele rugir hambriento justo en el momento más inoportuno. El receptáculo de nuestra insatisfacción, siempre dispuesto a recordarnos que somos otra cosa, que nacimos para hacer algo que nada tiene que ver con lo que hacemos, algo más sencillo; como el cubo de piñones que recogimos anoche y que ahora picamos para dar un toque casero al helado en oferta dos por uno del supermercado de abajo.

Pagaremos gasolina, comunidad, desayunos completos, cervezas, crema para después del sol. Pagaremos el paraíso burgués y cuando estemos sumergidos en este cuadro costumbrista, de repente todos se habrán ido y estaremos solos en los pinares, aguzando la vista para ver el rayo de luna incidir entre la retama señalándonos el sitio exacto en el que acurrucarnos a dormir, a soñar dentro del sueño, a aprovechar la única noche en la que el mundo nos pertenece. Porque quizás mañana volvamos a necesitar hacer la compra, volvamos a desayunar en el bar de cada día. Quizás mañana no sepamos salirnos de los itinerarios marcados.

Las playas, con ese aire de desierto interminable, siempre me dieron miedo De niño el bosque sobre las dunas me llamaba: ven, quiero devorarte. Y yo me adentraba con miedo aun sabiendo que apenas eran unos kilómetros de extensión verde lo que me separaba de la carretera que llevaba al pueblo. Jamás he sentido tanta inquietud, jamás ha sido tan claro el afán de escapar. Pero no llegué a encontrar la puerta que me llevara a esa misma playa sin gente, a ese lugar que sé es sólo para mi y del que estos pinos hipotecados son el mejor sucedáneo.

Pagaremos lo que haga falta para sentir que es posible volver a ser niños. Nos conformaremos con un día de sol y salitre que avive las ganas de darnos esquinazo. Después volveremos a ser lo que elegimos habiendo al menos rozado lo que deseamos ser.

jueves, 1 de abril de 2010

Vicios y malas costumbres

EMPATÍA V1

Le dolían tanto los dolores ajenos que desayunaba tostadas con reflex endulzaba el café con ibuprofeno en polvo.

Se le podía ver sumergido en lamentos calle arriba, calle abajo. Hablando entre dientes repasaba los problemas de sus conocidos. Pasaba horas exprimiendose la cabeza buscando una solución viable a todo ese mar de lágrimas vertidas por otros.

En la comida aliñaba la ensalada con nolotil y el entrecot a la morfina acabó por convertirse en su plato favorito.

Le dolían tanto los dolores ajenos que olvidó los suyos propios. Así pasó de largo su mujer, calendario arriba, harta de intentar explicarle que le había sido infiel un número considerable de veces en un intento desesperado por llamar su atención y que dejara de fijarse en los males ajenos para atenderle a ella, a su fibromialgia y a sus frecuentes ataques de pánico.

Se le podía ver en la farmacia con su carretilla para recoger su cargamento diario de vendas. Por ahí viene el momia decían los niños que, cuando pasaba a su lado, intentaban pisar el cabo suelto de sus vendajes para ver si debajo de semejante cantidad de harapos renegridos lo que había era un hombre o una herida sangrante.


Apenas cenaba, padecía ardores de estómago por la noche. Un omeprazol y a la cama. Al ir a dormir sabía que soñaría con todos esos problemas que no le pertenecían.

Médicamente hablando esta tendencia a padecer por los demás suponía una gran ventaja. Cuando se encontraba mal no tenía más que llamar a su médico y preguntarle: “¿Doctor, a usted qué le duele?”.