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sábado, 18 de diciembre de 2010

He trabajado de teleoperador, debo confesarlo, como medio país. De esa época conservo un recuerdo simpático y una idea: por qué vender cosas que la gente no necesita, por qué engañar a la gente.

Hoy, quién me lo iba a decir, vuelvo a vender. Porque este post tiene trasfondo de anuncio publicitario, de marketing. Lo que vendo no es un trasto inútil, no son seguros de defunción, no es un colchón hinchable con funda estampada de piel de leopardo, ni siquiera viagra fabricada en laboratorios ilegales de un suburbio de Hong Kong.

Quiero hablaros de un proyecto, de una forma de mirar la literatura, de una editorial que empieza, acaba de cumplir su primer año de vida, y que se ha atrevido a publicar algo de lo que escribo. Una editorial que lo único que pretende es sacar palabras para que les de el aire, sin mayores pretensiones.

Se trata de La Espiral Literaria. Ellos me han publicado un par de poemas y un micro relato en dos de sus últimas obras:

- Textos desobedients.
- De pestanYes i pestaÑas.

Mis dos últimas entradas en el blog (y las dos que vendrán), cuentan el viaje que hice a Barcelona, a Sant Boi de Llobregat concretamente, para conocerlos, para escuchar su voz. Desde este espacio quería aportar mi granito de arena, presentaros el proyecto y de paso venderos un poco a los que estéis interesados las dos obras en las que participo.

Textos deobedients es una recopilación de poesía y relatos inspirados en Discurso de la obediencia voluntaria o el contra uno de Ettiene de la Boétie. Textos con los que se pretende “mostrar el desacuerdo con lo establecido, con lo obligatorio, con lo decidido y aportar ese pequeño grano de arena que entorpezca a ser posible la fuerza de ese marasmo de miedo obligatoriamente vivido”.


De pestanYes i pestaÑas, también una obra conjunta de varios autores que parten de las pestañas y desde allí, desde la puerta de la mirada, exploran significados y crean una obra que se lee con facilidad, uno de esos tarros pequeños que ocultan mundos.

De momento nada más, aquellos que os animéis a adquirir alguno de los dos libros en los que participo o cualquiera de los trece que ya han visto la luz a través de la espiral deciros que están disponibles físicamente en:

Sant Boi: c. Jaume I, 17-21, Tatu
Madrid: c. del Amparo, 94. Teatro de la Puerta Estrecha (metro lavapiés).

O a través del correo electrónico 7.espiral.7@gmail.com donde podéis preguntar también cualquier cuestión que os surja.
Muchas gracias y ánimo, comprad malditos, comprad. Y el que no compre que hable bien de la criatura.

martes, 14 de diciembre de 2010

De como el delirio quedó reforzado (volar en low cost II)

Experiencias catetas de un provinciano que quiere ser escritor.

No creía necesitar tantos días para digerir algo que ha sido sencillo, con sus toques de humor absurdo. Absurdo que visto lo ocurrido en este puente pasado y no poniendo pegas al egocentrismo que me hace pensar que todo lo que pasa en el mundo pasa en relación a este hombre con poco pelos en la azotea y muchos enredos de cabello y pecho para dentro, queda en mera anécdota. Tenemos pues, en elementos ajenos a la narración en sí, una primera señal, unas miguitas en el bosque para seguir y llegar a la conclusión de que la realidad, en forma de controladores convertidos en villanos, se toma tan poco en serio que es tontería que nosotros la invistamos de una gravedad que ni por asomo posee.

Dos semanas desde que os contaba mi intención inductiva de comprobar si la realidad supera a la ficción vestida para la ocasión de prejuicio afilado. Pero ya estoy preparado para exponer tanto los resultados de mi investigación como para narraros mis experiencias literarias que en realidad fueron las que me llevaron a Barcelona.

Así que llegué, conseguí vencer la tentación de comprar todos los productos de primera necesidad que me ofrecieron durante el vuelo, tuve que meter los brazos dentro del cinturón de seguridad para evitar la deriva del dedo índice hacia el botón de llamada al personal de cabina. Me costó la misma vida porque una de las cosas que quería comprobar era si efectivamente al pulsar ese botón aparecía de la nada una azafata con moño envuelta en una nube de humo amarillento con olor a azufre. Perdone la humareda señor, soy nueva, mi nombre es Macarena la de Dublín, es que aun no tengo muy perfeccionado lo de las apariciones mefistotélicas, desea algo (dicho esto último en tono imperativo, sin restos de interrogación por ningún lado).

Salí escopetado del avión, necesitaba un cigarro. Con la banda sonora de las ruedas de la maleta traqueteando caminé rápido por la terminal en busca de la salida y del socorrido cenicero gigante con arena blanquecina de gato en el que los ansiosos como yo siembran colillas como punto final provisional a la narración de su rutina o como mayúscula inicial gótica que da pie a una historia por vivir.

Después de ese cigarro que paseé en la comisura de la boca a lo largo de todo el aeropuerto hasta poder salir y encenderlo respiré hondo, tosí hondo, insulté hondo a mis pulmones, pensé hondo que en enero voy a ser un fugitivo fumador y que quizás debería empezar a contar cuantas veces me dicen que debo dejarlo para después inscribir la cuenta en el libro de los records mundiales.

Pero esta no es una historia de humo y pulmones convertidos en carbón, aunque de eso hubo. Es la historia de un hombre que iba a una presentación de unos textos que había escrito y que para aplacar los nervios inventó una historia delirante sobre estudios pseudocientíficos. Variable objeto de estudio: las ideas preconcebidas. Otras variables implicadas, todas extrañas: la realidad así en bruto sin particiones ni reduccionismos empíricos, ojos que miran con clara tendencia a distorsionar lo que ven, nomología y esencia de la tripulación de una aeronave.

Las conclusiones de dicho estudio fueron las esperadas:

- La realidad, a su manera apegada a lo feo y prosaico, siempre supera la ficción.
- La gente sigue santiguándose antes de que el avión despegue o aterrice a pesar de que numerosas investigaciones han demostrado la inexistencia de dios.
- Hay gente de Huelva que va a Barcelona para ver un partido de fútbol, supongo que nada puede argumentarse en contra de esta forma de emplear el tiempo libre, pero pensarlo da picores en el occipital.
- No ofrecer alcohol en el trayecto ahorra costes pero quita interés al mismo.
- Nada de lo que imaginé sucedió tal cual, pero se advertía una vibración en el aire, una inminencia, un estamos ahí en el límite de la cordura y en cualquier momento aparece Groucho Marx fumando un puro y esto se desmadra (después pude saber que la vibración era causada por los motores del avión, reconvertidos de un Seat panda el derecho y de un lavavajillas el mellizo del otro ala).

Como decía esto pretende ser la historia de un hombre que escribe y que va a la puesta de largo de sus textos, pero eso prefiero contarlo mañana, dejamos a ese hombre en la puerta del teatro, en un pueblo de las afueras de la ciudad condal, pensando en lo buenorros que están los mozos de escuadra que lo acaban de escoltar hacia la dirección del evento, evitando que se extravíe en una ciudad desconocida. Cosas de cateto vestido de literato.