miércoles 12 de octubre de 2011

Abandonar Venecia


La vida de un escritor es dura, sobre todo cuando no escribe.

La vida de un personaje es dura, sobre todo cuando no lo escriben.

La vida de la pareja de un escritor es dura, cuando falla la inspiración se encuentra sin ayuda para confeccionar la lista de la compra en endecasílabo.

Resulta que no se puede estar escribiendo veinticuatro horas seguidas, pero sí pretenderlo. El mundo que me he inventado tiene base veneciana y se hunde en el cieno. Pero nací en una familia (balones fuera) dónde varias acciones se ejecutaban en los primeros días sobre los nuevos miembros. En primer lugar se tatúa en la fontanela del neonato, para mejor absorción, el emblema del escudo heráldico familiar: “Más vale malo conocido que bueno por conocer”. Para el que le interese el blasón podría describirse así: sobre campo cenizo tres mojones bailando can can. Segundo, someter al primogénito varón a un exhaustivo proceso de indefensión aprendida ante los estímulos más comunes de la vida cotidiana. Tercero, dejar al niño sumido en la creencia de que el mundo es una jodienda hasta al menos los cuarenta años y cuando este pida explicaciones estamparle, de nuevo en la fontanela, aunque ya cerrada aun permeable, con tinta indeleble, el lema: “niño, que tienes ya muchos pelos en los huevos”.

La vida de un aspirante a escritor es dura, todo el mundo escribe mejor que él (que ni siquiera escribe).

La vida de un aspirante a personaje es dura, no depende de él.

La vida de un aspirante a pareja de aspirante a escritor es absurda. Es como ganar una partida de bingo el día de nochebuena. Premio total doscientas pesetas. Anda baja dónde Benito y compra cerveza. Tito, es nochebuena está cerrado. Tu llama que te abren. Y abrían.

Resulta que es suficiente apagar el televisor, hay una cosa alargada con botones que te permite hacerlo desde el sillón. Poner los brazos, en paralelo al torso, las manos con las palmas apuntando hacia abajo, y hacer fuerza. Con eso se consigue que el trasero se separe de la tapicería. Practicar un poco de ballet, las puntas de los pies tanteando el suelo (recordar que se está en equilibrio sobre los brazos en una especie de postura de balancín), para buscar las zapatillas. Una vez calzado, el número termina con un quejido de viejo artrítico mientras se toma impulso para recuperar esa postura erguida que a la especie le costó siglos de evolución y de la que yo suelo renegar, sobre todo en las sobremesas. Ya de pie todo se complica. La casa está en silencio, miras hacia el ordenador dónde dejaste empezado el texto justo antes de ponerte a trajinar en la cocina, Pepito Grillo (así llaman los no iniciados a la Neurosis) te recuerda que no puedes, que para qué si a nadie le interesa lo que tienes que decir, que estás mejor tumbado. Pero a pesar de eso te acercas con cautela, aun de pie tecleas la siguiente línea, algo parecido a los ardores después de comer picante sube desde tu estomago. Hoy no he comido picante así que será otra cosa. Te pones en cuclillas y tecleas otra frase. Parece que cuadra. Te levantas y apartas la silla, mientras dejas caer en ella el trasero, otra frase. Aquí siempre viene un parón, a veces aprovecha Pepito para volver a hablar, ya con un tono de súplica. Usas los dos dedos índices para pulsar teclas a boleo, borras con furia, dedos índices, borras con menos furia, dedos índices, borras ya con la intención de arrancar en el mismo momento que la última letra azarosa haya desaparecido. A partir de este punto todo suele ser más sencillo. La sensación es parecida al inicio de una tormenta, como cuando empiezan a caer esos goterones que resuenan sobre la chapa de los coches aparcados. Me voy a mojar, piensas y sonríes. Los goterones pierden fuerza, se transforman en una cortina de agua que suena por sí misma, sin necesidad de objetos que le presten la voz al ser golpeados, ahí dejas de escuchar, de respirar y sólo escribes y escribes.

Es imposible escribir durante veinticuatro horas. Son suficientes unos cuantos minutos, unos más largos y otros más cortos, para olvidar que Venecia está en las últimas y volver a creer que este será el texto que te permita descubrir el nuevo mundo.


6 comentarios:

Yo soy Joss dijo...

Es sorprendente como dominas el género de "escribir sobre que escribes". Es como poner un espejo en frente de otro.

Melvin dijo...

En algunas imágenes me veo reflejado, en otras intuyo al escritor que no se encuentra... Me gusta el retrato desde la concepción del personaje, un ser sometido a las imperfecciones de la vida y a la mundanal inercia de la pasividad. Y cómo incluso desde ese paisaje decadente, medio sumergido en el cieno, la magia puede hacer que el mundo creativo vuelva a palpitar y a tener sentido. Un abrazo Argax, tu reflexión es como un par de alas para mis puntos suspensivos...

Argax dijo...

Al menos escribo sobre que escribo querido Joss. Ves, ya lo estoy haciendo otra vez, hasta en los comentarios lo hago ;) Un beso.

Melvin, Intuyes bien. Supongo también que todo el que escribe se topa tarde o temprano con problemas similares, así que es fácil reconocerse. Respecto al enfoque de lo que he escrito yo lo veo también aplicable a otros ámbitos de lo cotidiano y es que esta realidad está creada para renacer cada día, el cieno maloliente del que hay que surgir, escapar, apartarse. Un abrazo.

Uno dijo...

Seguro que soy escritor (malo, pero escritor) porque me veo muy reflejado en toda la descripción del uso del mando a distancia.

Un abrazote.

Alforte dijo...

Esto sí que es metalenguaje sobre la creación, aunque yo soy más de impulsos viscerales, me siento ante el Mac, acudo y fuerzo a mis particulares hadas...si me estimula lo que me proponen le sigo el juego, si me aburren me voy para el pornotube y me relajo.

Besos Venecianos.

Argax dijo...

Uno, es que hay inventos que lo único que han hecho es amebizarnos. LA culpa es del mando claro, no del que lo usa que es débil y con la fuerza de voluntad de un imán delante de un frigorífico.

Alforte, el pornotube sería lo contrario al mando a distancia, un invento que nos alegra y facilita la vida ;)