Minuto uno.
Tengo que ir a comprar, esta tarde vienen amigos a comprar
café y creo que no está bien que les de el de esta mañana. Escribir con prisas,
menuda novedad y es que últimamente el tiempo es más valioso que cualquier otra
cosa que haya deseado, más que la sensación previa a mi primer polvo, más que
la game boy cuando tenía doce años, más que el primer lunes de cada mes.
Me paro, unos segundos, tengo diez minutos para escribir
antes de ponerme la camiseta arrugada y los pantalones cortos para salir de
casa, miro los tres términos del deseo del párrafo anterior. El primero es un
deseo de los que quiero conservar. Los otros dos son rémoras, lastres.
No entiendo el mundo, si mi vocación hubiera sido correr me
hubiera hecho atleta, pero lo mío tiene más que ver con la contemplación, un
pueblo con escasa iluminación en las calles, ranas por la noche y pájaros al
amanecer, el toque justo de olor a humedad y las paredes repletas de libros.
Debería haber estudiado para ser operador de cámara lenta.
Minuto cinco.
Tres párrafos en cinco minutos. La vista ya se me va hacia
la lista de la compra pegada con un imán a la nevera. En cuanto dejo que mi
atención se escape fuera del rectángulo de la pantalla estoy perdido, no podré
seguir el ritmo de los primeros párrafos. Como cuando veo un partido de
baloncesto y deseo con todas mis fuerzas al terminar uno de los dos equipos la
primera parte con más de cincuenta puntos que en la segunda continúe la
progresión y llegue a los cien. Nunca llegan, adormecen el partido y se quedan
en los noventa y tantos.
Escribir así, a contrareloj puede servir de muestra no
significativa de uno de mis días. Por qué nos llaman hombres si somos pollos
descabezados, por qué extiendo mi ansiedad al resto del mundo si eso del mal de
muchos no sirve más que para un alivio momentáneo.
Minuto nueve.
Cambiaría mi sangre por horchata, buscaría un camino lleno
de tachuelas a ver si tengo un pinchazo, intentaría controlarme, pero es
difícil desacostumbrarse.
Ahora que lo pienso mi bucólico sueño de paraíso terrenal,
eso del pueblo poco iluminado, se parece mucho a una de esas comunidades
terapéuticas para la desintoxicación. De qué debo quitarme, lo que tengo es
mono.
Camiseta de rayas, pantalón corto, zapatillas sin
calcetines.
Preparados, listos, ya…
No me da tiempo a repasar lo que he escrito, una cajera con mechas me espera.


9 comentarios:
Y podríamos continuar con la espesura de esos pasillos de supermercado, vagando a la deriva en busca de los yogures e intentanto luchar con la bolsita de plástico que se niega a abrir su boca para meter las nectarinas para pesarlas...y mi cabeza se va pensando lo que le gustaba esa fruta a mi madre.
NueveMinutosDe Besos.
Odio los contrarrelojes. A muerte.
Alforte, Esta semana ya he cogido confianza con la frutera del barrio y ya no dependo de los caprichos de las bolsas, ya no tengo que esperar su bostezo.
La experiencia en el supermercado pues como lo que cuento en la entrada, a toda pastilla, a tiro hecho, después la tarde se ha calmado, he comido pasteles, he fumado y he charlado mucho (menos mal).
Y ahora lo importante, me gusta que lo que escribo, aunque sea de forma indirecta, te evoque o te sirva de excusa para pensar en tu madre, supongo que será una sensación extraña, una mezcla de todo. Un besazo tío.
Runagay, yo también, pero odio aun más haberlas asumido como "lo que hay que hacer", esto a mí un día me da un disgusto, lo sé, pero sigo adelante. Aunque dicen que tomar conciencia de algo es el primer paso para cambiarlo no?
Puedo toleras que los comentarios que realices sean más resumidos, casi pequeñas señales de vida, lo que me cuesta aceptar es lo poco que escribes ahora, para lo bien que lo haces ¬¬, yo lo estoy viendo más como egoísmo que otra cosa...ahora más encima a contra reloj!!! :P Cariños Argax...ey, ya viene haciendo clima rico, pronto vendrá el desafío gastronómico!.
G, tío, supongo que sí, que mis comentarios en el blog son simples banderitas con un mensaje escrito: "Argax estuvo aquí".
Escribo, siempre menos de lo que debería, pero lo que escribo sale por otro cauce o directamente se queda en el cajón. Pero al blog le tengo mucho cariño sabes y no creo que lo deje abandonado del todo nunca (qué osado soy).
Un beso, es bueno saberte ahí...
Que placer leerte y que placer tu visita en mi blog.
No vivo en Sevilla, soy de Guadalajara... pero en México, yo adoré Sevilla porque su paloma fui hace unos años al pasar unas vacaciones estupendas y me encanto la ciudad y su gente.
Besines.
chico, que suerte escribir asi. Yo como no tenga algo que contar no se me ocurre nada. A veces me marco la disciplina de actualizar el blog una vez a la semana y no se que poner, hasta que de repente surge y digo, ahora. Esto es lo que tengo que escribir...jeje
Besos!
Y siempre que me inunda esa sensación familiar de las prisas, siento que me boicotearía en el acto, sin paliativos ni sutilezas. Lanzando mi cuerpo bajo un puente, poniéndome a caminar a lo Forrest o iniciando el maquiavélico plan de una vida más digna y menos esclava en cualquier otro lugar del planeta. Aunque, empiezo a comprender que es algo consustancial a mi existencia, a mi modo de vivir... Lo que compensa esto??? El tiempo real en que cuelgo las horas en un tendero de metal oxidado, viendo las nubes desfilar y escuchando la hermosa monotonía del sonido de una tórtola turca. Un abrazo.
Como ves yo tampoco es que cuente mucho en mi última entrada JFL. No sé, escribir es más capturar las cosas que suceden o que deberían suceder que contar una historia,al menos no es sólo contar...
Melvin, esa insatisfacción que intuyo no desaparecería ni con los ideales medio cumplidos. Busco pequeñas satisfacciones en las acciones y en las actividades que más me gustan: una de ellas es poner a parir el estado actual de las cosas. Pero digo yo que poco a poco, seré capaz de cambiar mucho de lo que no me gusta.
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