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martes, 17 de abril de 2012

El auténtico folk




Vámonos pal Rocio niña, vamos a buscar un charco y nos imaginamos que es el Quema!

Así, alborotando, una señora se dirigía a sus compañeras de paseo matutino. Eran un grupo de lo más colorido. Señoras de más de sesenta con chándal todas, portando tres de ellas sendos palos de escoba que acababan de comprar en el chino del que salían en el momento que me las crucé, cargado de compras yo también, agotado de andar toda la mañana de arriba para abajo. Me arrancaron una sonrisa que necesitaba. 

Mira el muchacho de las gafas de sol como se rie. Muchacho vente con nosotros a las marismas a rezarle a la blanca paloma.

Lo siento señoras pero tengo que hacer de comer para mis siete hijos y la suegra —me inventé sobre la marcha.

Uy! Pobre, pues tu te lo pierdes moreno.

Para mí, esta escena demuestra que hay gente capaz de vivir despreocupada. Cuando llegué a casa, la mentira que inventé para seguir la conversación con ese grupo de “rocieras” me hizo esperar que aparecieran los niños y la suegra con las bocas abiertas como una nidada de gorriones exigentes. Ordené la compra y me puse a pensar sobre cómo en una tierra como esta, de supuestas costumbres y fiestas con un peso específico y que se supone son celebraciones serias asentadas en creencias religiosas firmes, siempre hay un elemento de guasa y de cachondeo que se relaciona con esas supuestas tradiciones intocables. Llegué a la conclusión de que la educación no puede matar la naturaleza del hombre: el disfrute, lo pagano, la celebración de lo natural, de lo que estaba antes y es independiente de nosotros como especie que racionalmente ha elegido el pensamiento científico como escudo. De ese asombro por las estaciones, por el transcurso del ciclo del tiempo que se repite, nacen la broma y la sorna de las señoras en chándal y otras manifestaciones similares.

Qué es la romería del Rocío si no la celebración de la plenitud del paisaje, de las marismas inundadas y la abundancia después de las lluvias. Siempre hay que quitar muchas capas para llegar al fondo de casi todas las cuestiones. Si lo hacemos, si mandamos a freír espárragos la apropiación cristiana y la utilización económica de la fiesta, nos topamos con lo que a mí me gusta, con la alegría por celebrar que estamos vivos y que parece que todo ha ido como debe ir para permanecer un rato más en este mundo. Eso celebraban las señoras, sólo eso, que hacía sol, que estaban con otras personas que les hacían sentirse bien, acompañadas, y que durante un par de horas sólo tenían que preocuparse de caminar, bromear y reír porque los auspicios eran buenos y los problemas, mirados desde ese otero en el espacio tiempo, se convertían en anécdotas.

El simple roce con una estampa así me subió los ánimos y pasé la mañana silbando y mirando por la ventana a la gente deambular, inventando para cada uno una razón de peso para seguir viviendo.

Así que cojamos nuestros palos de fregona y vamos que nos vamos palrocio primo!

viernes, 6 de abril de 2012

Los gatitos

Mira como saltan, mira como juegan, mira los gatitos que no saben que lo que se mueve en la pared es sólo una sombra. Nada de carne, nada de huesos, nada sustancial que les sirva para dar uso a sus garras. Una sombra que no les va a aportar ninguna satisfacción a sus instintos.


Pero los gatitos nos parecen graciosos, la sombra es provocada por un brazo humano. Imaginad otras sombras provocadas por desconocidos entes y a otro animal que dice, porque sabe decir, que hace tiempo que lo del instinto se le quedó chico, que la naturaleza le aprieta la sisa y que sin embargo mira como juega, mira como salta...

No voy a hurgar mucho en la herida aunque corramos el peligro, de no hacerlo, de que esta acabe por cerrarse y olvidemos. Pero es que en los últimos años las derivas políticas a todos los niveles, desde lo más cercano a las decisiones tomadas por semidioses en Olimpos inaccesibles, se van asimilando cada vez más a un circo ruinoso, a un espectáculo que conoció tiempos mejores y que ahora tiene que limitarse a dar sus últimos coletazos. Eso no supondría un gran problema si no fuera por que a mi apartamento ya se le ven los barrotes y en los anaqueles de mi supermercado de confianza sólo venden balas de paja y carne putrefacta, despojos. Vamos, que se me está poniendo un ánimo de fiera enjaulada y malnutrida que ya no puedo disimular, una apariencia de león viejo y desdentado que por mucho que me peine por las mañanas cada día me cuesta más ocultar.

Mira, mira los monitos, tan sucios dentro de su jaula, mira como aun saltan, pobres, pobres monitos.