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jueves, 24 de enero de 2013

Por qué corren los galgos?

Para coger al conejo, y se llevaba la cerveza a los labios. Después supe que ese conejo no era más que una imitación, una felpa sobre metal que corría tanto porque, como los trenes, viajaba sobre un riel. Tuvieron que pasar varios años para que me diera cuenta, de niño nunca fui muy avispado. En esas tardes de canódromo me preguntaba cómo el conejo podía a la vez guardar el equilibrio sobre esa especie de pasamanos que dibujaba el óvalo interior de la pista de carreras y conseguir correr tanto sin caer a la arena batida y ser despedazado a mordiscos por la jauría de perros.
Corren porque lo llevan en la masa de la sangre mijo, como nosotros, hay que perseguir algo en la vida, entonces veía el vaso vacío y sabía que me tocaba ir a por otra cerveza. Yo bebía mi refresco de limón directamente del botellín, entonces no tenía tantos remilgos y no me importaban los restos de óxido en el gollete. Le entregaba su vaso relleno y me quedaba mirándole. El mentón apretado, la oreja con los pelos sin recortar, pelos como púas.

Ya más mayor, asumido el trauma de que el conejo era un tren en miniatura con un trapo encima, papá seguía llevándome al canódromo y explicándome lo que él llamaba la ley del galgo. Un día, cuando me repetía la cantinela, Debemos perseguir algo en la vida, le corté con brusquedad, A ver si me he enterado padre, le dije, tenemos que perseguir un paño que tapa unas tripas de metal, me miró, apuró su cerveza como siempre, Anda niño ve a por otra y pide para ti también. Mi primera cerveza acompañada de la vista habitual de su perfil: oreja de puercoespín, patilla entrecana y el mentón mal afeitado,tenso, muy tenso.

El siguiente fin de semana me negué a acompañarlo. Me quedé en casa, apenas me moví del gran sofá tapizado de pana beige. Papá no vino a almorzar. Llegó de madrugada, Viene como una cuba, me dijo mi madre. Trajo en una caja de cartón un rollizo conejo algodonoso, blanco, con una mancha color café enmarcando su ojo izquierdo.

No volví al canódromo, me quedaba en casa escuchando a mamá insultar al conejo mientras le daba trozos de apio. Papá siguió llegando de madrugada, Como tu querido conejo hijo mío, tu padre es un animal de costumbres, me decía blandiendo una zanahoria que bajaba de repente hacia la caja dónde dormitaba el pobre roedor intentando darle la estocada final, Es bonito verdad hijo, muy bonito, pero se va a morir pronto, estos bichos no duran mucho.

20 comentarios:

Gloria dijo...

Tu relato guarda una moraleja o al menos yo la he adoptado.
En la vida debes perseguir tu sueño pueda ser real o no, lo importante es tenerlos sino acabarás ahogando tu desidia en cerveza.
Besos de gofio.

Alforte dijo...

Ufff que desasosiego (del bueno) me ha producido la lectura de tu texto, no sé si es verídico o no (por lo que también me ha provocado cierto pudor), pero lo de perseguir trapos con tripas de metal es triste; pero hoy estoy optimista y prefiero ver la botella medio llena, aunque los sueños que persigamos sean tan falsos como ese conejo al menos aportan energía al motor de nuestra existencia.
Bsote

Blackmount dijo...

ver los galgos corriendo tras el conejo inalcanzable siempre me hace recordar de cuando era niño, allá en el paleozoico, y veía las caricaturas del coyote y el correcaminos, en el que el coyote nunca podía lograr alcanzarlo a pesar de que se empeñaba en ello incesantemente. me creaba un poco de resentimiento contra el pajarraco en cuestión y me hacía desear poder agarrarlo del pescuezo y entregarselo al coyote de una buena vez, pero tambien recuerdo que pensaba que al final si lograra ponerle las manos encima. probablemente no sabria que hacer con el

Uno dijo...

Perseguir los sueños está bien pero a veces, como los galgos de tu relato, no perseguimos nuestro sueño sino que entramos al trapo que nos ponen y terminamos por creer que es lo que queríamos.
Cómo marcan los detalles, ¿verdad? Los "restos de ollín", "los pelos sin recortar", el menton mal afeitado y tenso, muy tenso"...Me ha gustado mucho (y me he apuntado gollete)
Un abrazo

Argax dijo...

Gloria, Puede ser interpretado así, se nota que eres positiva. Y sí, hay que perseguir conejos, pero puestos a correr detrás de algo, que ni siquiera tengo claro que haya que correr mucho, al menos que sea el animal que nosotros elijamos.

Alforte, Como le decía arriba a Gloria, perseguir tenemos que perseguir algo, trapos o lo que queramos. Hay que ir hacia delante, pero intentando adelantarnos a la inercia. Respecto al desasosiego y al pudor, pues bueno, me quedo con que te he provocado algo por ahí dentro. Pero vamos, daría igual si todo el relato fuera biográfico o si fuera completamente inventado no? En este caso, como en casi todos, hay de todo un poco.

Blackmount, tú es que te alineas siempre con el perdedor. Además el correcaminos tiene un puntito chulo que le hace caer antipático. Habrá que dejarlos así, que uno persiga al otro, por los siglos de los siglos... Hay muchos coyotes por ahí que ya no se acuerdan de los motivos por los que persiguen su pajarraco.

Uno, Exactamente, muchas veces no sabemos por qué empezamos a correr y si en realidad nos apetece entrar al trapo que nos ofrecen. Y los detalles, son tan importantes, hablan cuando los personajes no lo hacen, marcan su carácter y los definen. Gollete es una palabra simpática sí.

...Runagay dijo...

Sniff, yo también he perseguido trapos que corren. Lo peor es haber dejado, a cambio, sueños por detrás.

un-angel dijo...

...y yo que también me pensaba de pequeño que el conejo era de verdad...supongo que al final uno acaba por perder los ojos de la inocencia y deja de creerse muchas cosas, lo cual por un lado es bueno y por otro también es un poco triste.
Como siempre un placer leerte, con solo unas pocas líneas como me haces de sentir y de pensar, hijo...un abrazo grande.

Argax dijo...

Runagay, yo creo que lo peor es llegar, coger el trapo, darte cuenta de que está sucio y cochambroso, que no te gusta ni un poquito y aun así quedarte con él. Los hay que presumen de su trapo y sus manchas. ;)

un-angel, no es que dejemos de creernos muchas cosas, es que acabamos por no creernos nada y claro, así es como caminar sin suelo. Pero bueno, con un poquito de voluntad podemos constuirnos ese suelo a nuestra medida.

Damian dijo...

aqui creo que no hay eso de los canodromos, a lo mucho hipodromo.
Pero por dibujitos se podia saber que ese conejito no era más q un muñequito sebo xa que los perros corran, asi que no me habria sorprendido.

¿se apuesta igual q los caballos verdad?

Argax dijo...

Damian, Se apuesta, claro que se apuesta. Y sí, los perros persiguen un cebo de trapo como si les fuera la vida en ello, según se mire resulta muy triste...

Melvin dijo...

Y como los sueños oxidados, uno acaba por creer que no hay fantasía posible tras un conejo postizo, el hecho aplasta al sueño. Aunque yo, seguro, no me doblegaría y continuaría admirando las excelentes aptitudes físicas del conejo ante su carrera definitoria...y última. Grandes imágenes en este relato. Un Besote.

Argax dijo...

Melvin, no me creo yo que tú te conformaras con la anestesia de la admiración de la carrera del conejo.

Supongo yo que todas estas distracciones de masas cumplen su función que es poder gritar y salirse un poco del corsé de nuestro propio personaje. Cómo una pequeña concesión para el hombre gris que solemos ser.

Justo dijo...

Esta serie tuya sobre la paternidad me llega en un momento en que por primera vez me pregunto si no debiera haber sido yo también padre, jaja.. lo que son las cosas.

Un padre y sus hijos.. ahí es nada.

Un abrazo

Argax dijo...

Justo, Es que el tema de la paternidad es uno de esos temas que nos acompañan para siempre. Por ausencia o exceso, por distorsión o sospechosa perfección. Siempre se puede hablar de el padre que tuvimos, el que queremos ser, el que fuimos, el que imaginamos...

AntWaters dijo...

Qué bonico, y qué profundo :_ (

El sueño, el engaño, el trapo.

snif

besos con pelusa y sin zanahoria que echarme a la boca

Argax dijo...

Ant, Ve a la compra, hazte con unas zanahorias que el hambre es muy mala. Y gracias por los calificativos ome.

Damian dijo...

es que los perros, son perros, y no diferencias mucho, tampoco es que sea muy inteligentes tampoco.
Se les engaña fácilmente. =(

Argax dijo...

Damian, pues sí, a los perros, a los perros. Pero una cosa que hacemos muchos los hombres es engañarnos a nosotros mismos, en eso somos únicos.

Eduardo Mayo dijo...

de verdad quería tu madre apuntillar al conejo con una zanahoria?
por favor!
es genial, para qué indagar más en el asunto
las cosas son como son

tu relato me ha hecho pensar en la última noche que estuve en el pueblo para visitar a mis padres
llegamos de noche y multitud de conejos salían de todas partes al paso del coche
o se plantaban en mitad de la carretera o corrían a nuestro lado por los bancales repelados durante un trozo hasta que
repentinamente cogían otro rumbo
y su rabito blanco se perdía en la oscuridad
Conejos, conejos, conejos, nunca había visto tantos

también el retrato de tu padre incluidos los pelos como púas aceradas
me ha recordado al mío
hará poco más de dos años, sufrió un ictus cerebral
los hijos, el primero yo, le echamos la culpa enseguida a
los excesos con la cerveza y otros líquidos achispantes
pero siempre he pensado que por debajo de eso
los conejos tuvieron un papel determinante

tristemente, el tuyo es una maravilla de relato

Argax dijo...

SRO, sé de esas carreteras como la que me traes. Las carreteras que llevan al pueblo, cuando yo cojo la que desemboca en mi pueblo (el de mamá en realidad que yo he adoptado como propio, porque a mí me parieron a los pies de la basílica de la santísima virgen macarena) se mezclan la zozobra de si acabarán bajo mis ruedeas esos bichos que se atreven a cruzarse y la ilusión por ver animalitos que son como una entelequia que sólo está en los libros. Una experiencia curiosa.

Y me marcho que parece esto un relato de Cortázar con tanto conejo algodonoso suelto y estoy empezando a tener miedo.