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sábado, 23 de noviembre de 2013

Herzog


Sabéis cuando un libro os transcurre en paralelo. Cuando os entra la duda de sí serán los capítulos los que se adelantan a tus andanzas o serás tú mismo el que, con una predisposición de manga ancha, ves entre las lineas que lees una referencia directa a lo que te acaba de pasar mientras bajabas a por tabaco.

Es una sensación extraña, un tanto inquietante. Pero que no hace más que añadir alicientes para convertir esa lectura en algo significativo, lejos del simple entretenimiento. Además, suelen ser casos excepcionales las “historias a medida”. Su escasez, como al lince, les da otro punto extra para que puedan quedar como algo que tu cabeza recuerda sin tener que acudir a la hipnosis, algo que sin quedar flotando en la superficie, a la vista de todos, si que se mueve entre dos aguas, entre lo profundo y la luz, a mano con sólo meter un poco el pensamiento bajo el agua.

Eso me ha sucedido con este Herzog, de Saul Bellow. Claro que lo que acabo de comentar no vale para nadie más, es un sentimiento personal e intransferible, y a nadie llevará a la lectura de esta obra el que a mí me haya ejercido tal influencia. Los méritos de esta novela, para mi gusto, son muchos y aunque mi intención no es realizar aquí una reseña sino sólo destacar una lectura que me ha impactado, voy a citar algunos.

En primer lugar sorprende la hondura en la construcción de personajes, la habilidad del autor para retratar psicológicamente a las personas que deambulan alrededor de Herzog, el personaje que narra la historia y del que se nos dan los detalles personales más escabrosos, casi llegando al punto de la pornografía sentimental. Estos retratos se hacen casi siempre a partir de la subjetividad de ese Herzog, pero son tan detallistas y el narrador-protagonista es tan creíble, que no podemos más que considerar como verdades indiscutibles lo que no es más que una observación de alguien que, dicho sea de paso, no está muy centrado. Eso no es fácil de lograr.

Me gusta el final abierto, me gustan casi siempre los finales abiertos. Porque te permite salvar o condenar al protagonista. En mi mente quedó salvado, me cayo simpático el tipo.

También quiero destacar como se plantea el tema de la utilidad del conocimiento en la sociedad occidental. Herzog es Doctor en Filosofía y su labor intelectual se ve interrumpida continuamente por los problemas de la vida cotidiana, por la necesidad de adaptación social, de ser un ciudadano como los demás. Este dilema tampoco se resuelve al final de la novela, cada uno debe encontrar su equilibrio en este punto. Aunque habría que decir que lo que ocurre es que el protagonista deja esta dicotomía atrás y se aleja en una especie de vuelta a la naturaleza, una nueva vida.

Y por último quiero destacar a otro personaje, Ramona. La relación que Herzog establece durante el relato con las diferentes mujeres a las que ama, o cree que ama, es otro de los ejes narrativos principales. Ramona es su estación terminal, que sepamos. Y representa la mujer independiente, abierta, segura de sí misma y de su sexualidad, una gozada vamos. En este punto, como en los demás, la novela se va abriendo, va pasando de las restricciones sociales y personales a la libertad. Herzog el convencional que quiere adaptarse se convierte en una interrogante andante que no sabe que va a hacer con su existencia y las mujeres que lo transitan, porque él es pasivo en este desfile de amores, también pasan de lo usual y aceptado a lo liberado.

En definitiva, lo que más me ha gustado es que un conjunto de elementos que parecía iban a aplastar al protagonista, se van disipando y al final queda un sabor fresco, y la duda, Bueno, ahora qué?

Pues ahora todo es posible, qué gustazo!

Termino con un pasaje de las últimas páginas, cuando ya la madeja está casi deshecha:

“... Me hallo, realmente, en un estado mental de insólita libertad. «En sendas nunca holladas», como lo decía maravillosamente Walt Whitman. «Escapado de la vida que anda exhibiéndose...» ¡Qué plaga esta vida exhibicionista, qué plaga! Cualquier ridículo hijo de Adán quiere destacarse de los demás, con todos sus tics nerviosos y manías, con toda la gloria de su fealdad autoadorada, enseñando los dientes en muecas, la nariz caballuna y la razón retorcida, diciéndoles a los demás hombres: «Aquí estoy para dar testimonio; heme aquí para que me pongan como ejemplo»”.

6 comentarios:

un-angel dijo...

Me gusta lo que dices de esas conexiones especiales que se establecen con determinados libros, y es cierto que cada uno tiene el suyo. A mi hace tiempo que no me ocurre porque solo leo superfluosidades que me cuadran mejor para contrarrestar la considerable pesadez interior de ultimamente, pero decirte con qué libros me ha ocurrido lo mismo que a ti con "Herzog" me da hasta vergüenza...así que no voy a decirlo, jaja.
Un abrazo, guapo, y que bueno poder recuperarte y leerte.

Argax dijo...

un-angel, Pues que no te de pudor hombre, mira que me sigo despelotando, a mí también me pasó, que recuerde ahora a bote pronto, con "Una Soledad Demasiado Ruidosa" de Hrabal... Y con más, pero necesito mirar los títulos en la estantería, ahí, al verlo me acomete lo que sentí y pensé al leer según que obras. Ahora te toca a ti.

Es otras de las cosas que consigue la literatura, que nos quitemos condicionantes y nos miremos a nosotros mismos.

Creo que he venido para quedarme, aunque ya sabes que mi rítmo siempre ha sido lento, ya sabes, como las lagartijas, calentarme al sol y después... a correr.

Un beso hombre!

Uno dijo...

Tengo tendencia a buscarme en los libros. Los disfruto mas así. No he leido nada del Sr. Bellow. Me apunto este.

Un abrazo

Melvin dijo...

Sólo me ha pasado algo parecido con " la noche del oráculo" de Auster...Algo perceptivo más que biográfico y desde luego no comparable a lo que te conectó a este Herzog.... Besotes.

Argax dijo...

Uno, Hombre, yo creo que es inevitable, las lecturas hacen las veces de espejos. Y ya, como a mí me ha pasado con este Herzog, cuando del espejo pasas a la vivisección pues... sádico placer, pero placer al fin y al cabo.
Este es el primero de Bellow que leo y la verdad es que ha sido un gran descubrimiento.

Melvin, No, biográfico nunca me ha pasado a mí tampoco. Sospecharía, sobre todo del novelista que me ha estado siguiendo ;) Son más las ideas y los estados de ánimo de un personaje, o el tono de la narración que en el momento en que lees determinada obra pues es muy parecido a tu tono vital.


siyopudieraytuquisieras dijo...

Me lo pido. Ya. Para ayer.