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miércoles, 27 de noviembre de 2013

Ciudadano, o algo parecido

 

Permitirían los poderosos ser expulsados de sus mullidos puestos de decisión y control?

Seguirían adosando la palabra democracia a sus discursos si el pueblo los condenara al ostracismo?

Se irían, de verdad se limitarían a dejar el camino libre?

Utilizarían su pesada y anquilosada maquinaria para aportar, desde la oposición, al cambio que se les demanda o más bien querrían derrumbar sin miramientos todo lo novedoso, todo lo que no haya sido ideado desde sus filas?

Te dirán que ellos son la única opción viable porque tienen experiencia, porque conocen los entresijos del juego. Cómo no! Ellos mismos lo inventaron, vistieron y blindaron.

Cuando sea tiempo de cocinar nuevos pasteles querrán su parte, lo querrán todo, son voraces. Porque están acostumbrados a eso, a repartirse toda la tarta y a dejar las migajas para los gorriones.

Hay opciones, claro que las hay, sólo hay que permanecer atento a lo que se dice y no quedarse con esa pátina de desprestigio que extienden sobre todo lo que no cuadra con su correctísima forma de gobernar. Hay opciones y debemos considerarlas, porque son nuestras condiciones de vida las que están en juego, las que ellos manejan. Opciones a las que hay que dar paso aunque sólo sea por ponerlos en evidencia, por ver cómo se muerden la lengua y como sangran rabia; aunque sólo sea por observar como demonizan todas las decisiones tomadas al margen de sus voces, al margen de sus sistema moribundo. Hay que hacer que se vayan.

Quiero ver lo demócratas que son cuando pierdan su confortable democracia que sólo ellos disfrutan (los demás nos conformamos), cuando vean a otros transformándola. Quiero verlos perder y que no tengan otra que aceptar la derrota, a ver si son capaces. Verlos acatar órdenes, vivir de restos de ayer; ver sus bocas colmadas de insultos y de mentiras que no pueden verter para que caigan y ensucien a todo el que esté debajo. Se las tendrán que tragar porque ya no están arriba, ya no son los hijos favoritos de la gravedad. Quiero verlos desorientados y culpables de estupidez y prepotencia.

Las personas no tienen dueño, no pueden ser poseídas, deben enterarse de eso. Y yo no soy lo que ellos tengan a bien decirme que sea. Ni español ni ciudadano si es bajo sus parámetros. No soy una pieza en sus manos y quiero que se sientan como yo me siento a veces cuando me tratan como un objeto intercambiable por más poder o prestigio.

No es venganza, es justicia. La simple pérdida de sus privilegios sería su castigo, ser tratados igual que a todas esas piezas de plástico de su tablero, ese sería su castigo, el primero al menos. Después habría que repartir responsabilidades y pedir cuentas, como a mí me las piden si dejo de pagar esto o aquello o me cago en el alma del policía que me impide ejercer mi derecho a la queja, mi ilusión de humanidad y de que soy más que un perro atado en corto.

Cuando eso pase volveré a ser ciudadano y español, si quiero, si las condiciones nuevas son dignas y humanas. Y volveré a serlo sólo si me parece necesario aportar mis energías para defender un nuevo orden y no este chiste que ahora tenemos basado en hacer que las personas de devoren por una promesa que jamás cumplirán de llegar a estar sentados tan alto como lo están ellos ahora. Yo ya es que no quiero ni estar sentado, ni alto ni bajo, no quiero aunque lo haga cada día y no quiero porque eso es lo que ustedes esperan de mí y porque creo que si me siento no me quedará más remedio que volver a entrar en el juego, en su juego.

He dejado de ser pieza intercambiable. Me muevo según la dinámica y las leyes que ellos han perpetrado, pero no tengan la más mínima duda de mi desacuerdo y de que me alinearé con cualquiera que, como yo, sea persona, reparta bien sus energías y quiera conseguir que bajen de su Olimpo de cartón piedra y se sienten a mí lado, a hablar conmigo, a ver que no estoy hecho de plástico ni de dinero.

Quienes son ellos? Aun no lo sabes gorrión?

sábado, 23 de noviembre de 2013

Herzog


Sabéis cuando un libro os transcurre en paralelo. Cuando os entra la duda de sí serán los capítulos los que se adelantan a tus andanzas o serás tú mismo el que, con una predisposición de manga ancha, ves entre las lineas que lees una referencia directa a lo que te acaba de pasar mientras bajabas a por tabaco.

Es una sensación extraña, un tanto inquietante. Pero que no hace más que añadir alicientes para convertir esa lectura en algo significativo, lejos del simple entretenimiento. Además, suelen ser casos excepcionales las “historias a medida”. Su escasez, como al lince, les da otro punto extra para que puedan quedar como algo que tu cabeza recuerda sin tener que acudir a la hipnosis, algo que sin quedar flotando en la superficie, a la vista de todos, si que se mueve entre dos aguas, entre lo profundo y la luz, a mano con sólo meter un poco el pensamiento bajo el agua.

Eso me ha sucedido con este Herzog, de Saul Bellow. Claro que lo que acabo de comentar no vale para nadie más, es un sentimiento personal e intransferible, y a nadie llevará a la lectura de esta obra el que a mí me haya ejercido tal influencia. Los méritos de esta novela, para mi gusto, son muchos y aunque mi intención no es realizar aquí una reseña sino sólo destacar una lectura que me ha impactado, voy a citar algunos.

En primer lugar sorprende la hondura en la construcción de personajes, la habilidad del autor para retratar psicológicamente a las personas que deambulan alrededor de Herzog, el personaje que narra la historia y del que se nos dan los detalles personales más escabrosos, casi llegando al punto de la pornografía sentimental. Estos retratos se hacen casi siempre a partir de la subjetividad de ese Herzog, pero son tan detallistas y el narrador-protagonista es tan creíble, que no podemos más que considerar como verdades indiscutibles lo que no es más que una observación de alguien que, dicho sea de paso, no está muy centrado. Eso no es fácil de lograr.

Me gusta el final abierto, me gustan casi siempre los finales abiertos. Porque te permite salvar o condenar al protagonista. En mi mente quedó salvado, me cayo simpático el tipo.

También quiero destacar como se plantea el tema de la utilidad del conocimiento en la sociedad occidental. Herzog es Doctor en Filosofía y su labor intelectual se ve interrumpida continuamente por los problemas de la vida cotidiana, por la necesidad de adaptación social, de ser un ciudadano como los demás. Este dilema tampoco se resuelve al final de la novela, cada uno debe encontrar su equilibrio en este punto. Aunque habría que decir que lo que ocurre es que el protagonista deja esta dicotomía atrás y se aleja en una especie de vuelta a la naturaleza, una nueva vida.

Y por último quiero destacar a otro personaje, Ramona. La relación que Herzog establece durante el relato con las diferentes mujeres a las que ama, o cree que ama, es otro de los ejes narrativos principales. Ramona es su estación terminal, que sepamos. Y representa la mujer independiente, abierta, segura de sí misma y de su sexualidad, una gozada vamos. En este punto, como en los demás, la novela se va abriendo, va pasando de las restricciones sociales y personales a la libertad. Herzog el convencional que quiere adaptarse se convierte en una interrogante andante que no sabe que va a hacer con su existencia y las mujeres que lo transitan, porque él es pasivo en este desfile de amores, también pasan de lo usual y aceptado a lo liberado.

En definitiva, lo que más me ha gustado es que un conjunto de elementos que parecía iban a aplastar al protagonista, se van disipando y al final queda un sabor fresco, y la duda, Bueno, ahora qué?

Pues ahora todo es posible, qué gustazo!

Termino con un pasaje de las últimas páginas, cuando ya la madeja está casi deshecha:

“... Me hallo, realmente, en un estado mental de insólita libertad. «En sendas nunca holladas», como lo decía maravillosamente Walt Whitman. «Escapado de la vida que anda exhibiéndose...» ¡Qué plaga esta vida exhibicionista, qué plaga! Cualquier ridículo hijo de Adán quiere destacarse de los demás, con todos sus tics nerviosos y manías, con toda la gloria de su fealdad autoadorada, enseñando los dientes en muecas, la nariz caballuna y la razón retorcida, diciéndoles a los demás hombres: «Aquí estoy para dar testimonio; heme aquí para que me pongan como ejemplo»”.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Un buen ciudadano se distrae con lo que le echen

Resulta que me pongo a teclear con los dos mininos al lado lamiéndose mutuamente y dándose “cosquis” y me distraigo, se me va el santo al cielo. Para cuando soy capaz de alejar la atención del sofá donde ellos siguen a lo suyo ya no recuerdo sobre qué quería escribir y decido, Bueno, da lo mismo. Mejor escribir sobre el jugueteo de mis gatos que de tantas otras cosas rotundas y pesadas.

Uno maúlla y la mitad del país se muere de hambre mientras en los medios podemos asistir a la enésima ardentía o regurgitación, esa engañifa tan complicada de digerir que un iluminado llamó crisis, y nos dejan ver, en riguroso directo, cómo nuestro presi se pule el dinero público en teñirse la barba, en dejarla asegurada para el futuro. Porque debajo de una barba cabe mucha gente, su gente.

El uno le tira un bocado al otro y la otra mitad país espera con ansias a que llegue el miércoles para poder ver los partidos de fútbol que hacen de puente entre el empacho de balón intersemanal. Pero vamos a ver alma de cántaro, no es mejor sintonizar a Punset y su nuevo programa en Canal 9 en el que prepara científicas recetas con pan de molde de marca emblemática; ayer hizo uno con nitrógeno líquido, lástima que no lo vendan ese fresco ingrediente en la frutería ni en ese otro emblemático supermercado cuyo jefazo es de los que se acurrucan debajo de la barba del mandamás de todos. Por cierto, gol del Betis!

Grupo de jóvenes españoles medios bailando sevillanas

Se bajan del sofá y corretean por la casa, se persiguen y tres cuartos de país mira al cielo y, pensando en danzas indias de la lluvia, piden al dios ese que les dijeron los observa que les caiga un jamón a cambio de nada. Pero del cielo cae lo de siempre: agua cuando toca, sol, ranas y pronto de nuevo los aerolitos que son un tema que da mucho juego, casi tanto con el fútbol todos los días del año, fútbol de guardia se le podría llamar. Mientras tanto el representante de dios en la tierra, en la nuestra, porque dios, que es muy demócrata, tiene un viaje de representantes y asesores, parece un gobierno autonómico; el representante de dios en esta tierra, decía, mira al suelo que es donde el ve a su jefe apareciéndose en el empeine de sus nuevos zapatos de tacón, carísimos, de piel de ateo y se sonríe sabiéndose la más bella dentro de las feas cardenalicias.

Uno bebe y otro come. Igual que el país entero, una mitad tiene para comer pero no para beber y la otra al revés. Yo elegí lo de beber y aun así lo hago poco, menos de lo que debería la verdad.

Ya me he vuelto a distraer con mis gatos, siempre hablando de ellos, me voy a quedar soltera, más y más gatos irán entrando en mi mente. Porque ilusiones gordas y sabrosas no habrá pero de gatos famélicos y sarnosos están las calles de este peninsular y arrinconado país llenas.